Primero. Toda clasificación –señala Allison-, es una aproximación a la realidad. Un intento de comprenderla. Pero no debe olvidarse que la realidad es, siempre, más compleja. Y, uno de los tantos factores que la complejizan, es la dinamicidad de toda historia, social o personal. En este sentido, aunque algunas personas puedan sentirse cómodas y estables en algunas de esas categorías, otras muchas pueden experimentar variaciones de una a otra categoría, especialmente a alguna de las categorías vecinas, sea en dirección hacia el 1 o en dirección hacia el 7. Y, a veces, el cambio hacia cualquiera de las categorías vecinas puede significar cambios conductuales importantes en la vida de una persona.
Segundo.
Allison, y con él la psicología actual, recuerda que los jóvenes menores de 21 años –y en ocasiones aún mayores- deben tener especial cuidado con no auto-encasillarse. Esto es así porque, si bien es cierto que en muchos casos las personas tienen una idea clara sobre su identidad sexual desde edades tempranas, en otros muchos casos, por diversos factores vividos en la infancia, esa claridad puede llegar más tarde o incluso retrasarse por mucho tiempo. La persona adolescente, o la que se encuentra en búsqueda, debe continuar esa búsqueda con honradez a lo real y, preferiblemente, con el apoyo de una persona profesional que también sea honrada con lo real.
Tercero.
Un aspecto que no ha escapado al encasillamiento es la tendencia de algunos encuestadores a poner porcentajes inmutables a cada uno de los subgrupos. Y, peor aún, a trasladar mecánicamente los resultados de una sociedad a otra. O de una época a otra. Existen libros publicados en los últimos cinco años en América Latina que dan los siguientes porcentajes:
(Grupo 1 = 5%) + (Grupo 2 = 4%) + (Grupo 3 = 3%)
= Subtotal Homosexual: 12%.
(Grupo 4 = 18%)
= Subtotal Bisexual: 18%
(Grupo 5 = 12%) + (Grupo 6 = 18%) + (Grupo 7 = 40%)
= Subtotal Heterosexual: 70%
Se agradece la información. Pero se les olvida decir, por ejemplo, que se trata de una sola encuesta, hecha en un solo Estado de los Estados Unidos, y que fue realizada hace más de 15 años.
Otros llegan al colmo de transferir un resultado específico a todas las épocas, regiones y situaciones. Increíblemente hemos leído varias veces en Internet: “Kinsey comprobó que el 10% de la población es predominantemente homosexual –categorías 1, 2 y 3-, y éste es un porcentaje constante a través del tiempo y de las culturas”.
Nos preguntamos:
¿En qué dato empírico se basan para hacer esa afirmación? La respuesta es que muchos tienden a disminuir o a inflar ciertas cifras en dependencia de la tesis que están defendiendo. Pero lo honesto desde una perspectiva intelectual es aceptar que, cuando hay ausencia de datos, sencillamente no hay información. En ciertos lugares y tiempos ciertas cifras pueden ser altas y en otros pueden ser bajas. El reto, aún en pañales, es hacer investigaciones serias sobre el tema en diversas sociedades y cotejar variaciones a través del tiempo encontrando la explicación a sus diferencias.
Sin embargo metodológicamente no hay que olvidar que el dato resultante en las encuestas sobre porcentaje de personas homosexuales es siempre el mínimo, y no el verdadero. El verdadero siempre será más alto porque, por razones culturales obvias, una buena parte de los encuestados ocultará ese dato al encuestador… o porque solamente considerará homosexual al subgrupo 1.
Teniendo esto último en cuenta, Allison afirma: “Lo que es indudable cuando se estudian las diversas encuestas actuales realizadas en Europa y Estados Unidos, es que el número de personas homosexuales son un porcentaje mucho mayor que lo que la ideología dominante estaría dispuesta a aceptar. Lo mismo podría decirse del porcentaje de personas heterosexuales que, sin embargo, han tenido verdaderas experiencias homosexuales. Por el contrario -afirma-, tengo la impresión de que el número de personas verdaderamente bisexuales (Grupo 4) es más reducido de lo que aparece en cifras”.
En relación al subgrupo 4, bisexuales, Allison explica que “entrevistas en profundidad hechas con personas autodeclaradas bisexuales muestran que, por confusión, indecisión, ocultamiento o ideología, muchos de ellos pertenecen realmente a los grupos 2, 3, 5 o 6. La bisexualidad existe y es verdadera –afirma-, pero generalmente subyace tras ella una preferencia homosexual o heterosexual. Estar en el justo medio es difícil y puede acarrear verdaderos problemas psicológicos. No la bisexualidad en sí misma, sino por el contexto en que se produce".
Cuarto.
Como señalábamos, de los 7 subgrupos, 3 de ellos muestran a personas predominantemente homosexuales (1, 2, 3); 3 de ellos muestran a personas predominantemente heterosexuales (5, 6, 7) y uno muestra a las personas bisexuales (4). Muchas son las enseñanzas que toda persona, y en especial la persona homosexual, puede sacar sobre este tipo de categorización.
Veamos algunas:
a) Debido a la cultura homofóbica que existe, tanto entre heterosexuales como entre homosexuales, muchas personas que pertenecen al grupo 2 o 3, prefieren llamarse a sí mismas bisexuales. Evitan así el estigma, ante la sociedad o ante sí mismos, de considerarse homosexuales. Y, con el apoyo de la “sociedad”, reducen artificial y artificiosamente la homosexualidad a solamente el Grupo 1.
Gran mentira que contribuye a aislar a este grupo y a hacerle más pesada la carga. Socialmente es una gigantesca falta de solidaridad que dificulta aún más las posibilidades de una sociedad tolerante con todos. Sin embargo, otras personas pertenecientes al grupo 2 y 3, por el contrario, sí tienen la honradez de llamar a las cosas por su nombre poniéndose así en el verdadero camino hacia una vida auto-aceptada con todas las ventajas que ello lleva.
b) Las personas que pertenecen al grupo 2 y 3 tienen la posibilidad de casarse y, ante presiones sociales, muchos lo hacen. Respetamos profundamente las libertades personales. Pero les recordamos que no pueden jugar con la felicidad de su esposa y de sus hijos. Qué sea “jugar” o “no jugar” con esa felicidad a cada quien corresponde definirlo. Pero, si es una persona humanamente responsable, no puede eludir que una de las metas fundamentales de su vida sea hacer todo lo que esté a su alcance en beneficio de su esposa e hijos. Es difícil. Pero algunas experiencias muestran que, independientemente de que muchos no lo recomendemos, no es misión imposible.
c) Las personas predominantemente homosexuales (Grupos 1, 2 y 3), deben tener cuidado en no auto-engañarse, en algunos casos, en la búsqueda de personas con las que quieran una relación duradera. Muchas veces encuentran personas que pertenecen al Grupo 5 o 6 y tratan, por diversos medios, de formalizar una relación con ellos.
Consideran que, en la medida que estas personas aceptan mantener relaciones afectivo-sexuales con ellos, las cosas podrán salir bien. Olvidan que el trasfondo de esas personas es predominantemente heterosexual y que esa realidad, más tarde o más temprano, surgirá con fuerza. Si para una persona del Grupo 2 o 3 que se case, le será bastante difícil sostener establemente su relación matrimonial pese a la presión social, hijos, etc., ¿Qué puede esperarse de una persona predominantemente heterosexual, en sus relaciones sexuales permanentes con una persona de su mismo sexo, teniendo en contra de dicha relación casi todos los factores sociales? El golpe lo sufrirá la persona homosexual por falta de intuición natural, buen discernimiento o falta de conocimiento de este tipo de categorías.
Este tipo de resultados es más evidente aún cuando la persona heterosexual pertenece al Grupo 5 o 6, pero únicamente desde el punto de vista sexual. No desde el punto de vista afectivo y emocional. En el mejor de los casos ésta será una relación más o menos casual y, en el peor, a la persona homosexual seguramente se le estará sacando algún tipo de ventaja material. La pobreza progresiva de América Latina muestra crecientemente el aumento de personas, principalmente jóvenes de estratos populares, que cobran abierta o simuladamente, por sus “servicios”.
Quinto.
Como puede apreciarse, el hecho de jugar un rol activo (penetrador) o pasivo (penetrado), no tiene mayor relevancia. La creencia popular en Latinoamérica (y a través de muchas épocas) de que homosexual es solamente el que es penetrado, no tiene base científica. Por eso mismo, una persona puede ser totalmente activa en sus relaciones interpersonales y pertenecer al Grupo 1 y, viceversa, con alguien del Grupo 6 o 5.
Sexto y Séptimo.
La diversidad de categorías sexuales que se desprenden de este análisis, afirma Allison, contrasta llamativamente con el pensamiento dominante en décadas anteriores. Entonces se pensaba que un 96 o 97% de la población era heterosexual y un 3 o 4% homosexual. Y punto. No había más que discutir. Las realidades, más allá de las variaciones específicas de distintas sociedades, son hoy diferentes y más complejas. Pocos expertos piensan hoy que las personas predominantemente homosexuales –casados o no- en Europa y América sean, actualmente, menos del 10% de la sociedad. Paralelamente pocos expertos piensan que, entre las personas predominantemente heterosexuales, no exista al menos un 33% de ellos que no haya tenido una o más experiencias homosexuales llegando hasta el orgasmo.
Todo esto, afirma Allison, es uno de los factores que explica por qué estas sociedades, pese a su conservadurismo, se han ido abriendo lenta pero paulatinamente al “fenómeno gay”. La homofobia social sigue presente, pero no puede negarse que lleva dentro de sí una contradicción social que tiende a ahondarse: la experimentación, crecientemente extendida, de relaciones afectivas y/o sexuales con personas del mismo sexo, sea de forma temporal o extendida en el tiempo.
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