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jueves, 19 de marzo de 2009

LA NOVIA FUGITIVA DE FEDERICO

El historiador Ian Gibson reveló un amor desconocido del poeta granadino. Reconocido por sus amores homosexuales, el autor del Romancero gitano también tuvo un romance con una chica.Jóvenes. María Luisa Natera tenía 15 años y Federico García Lorca, 18. Viviveron un romance frustrado y perdido hasta hoy.

Una noticia romántica llegó con retraso: Federico García Lorca (1898-1936), poeta y homosexual vox populi, tuvo una novia. El noviazgo secreto lo desempolvó el hispanista Ian Gibson en su nuevo libro, Lorca y el mundo gay (Planeta), y el nombre de la amante femenina ha salido a la luz. La única novia de García Lorca se llamaba María Luisa Natera Ladrón de Guevara.

Se conocieron en un balneario cerca de Granada, y tuvieron un romance adolescente que resultó más poético que físico. Ella tenía quince años, el poeta tenía dieciocho. Las familias de ambos frecuentaban ese sitio, ella se paseaba vigilada por su abuela y él se inspiraba a distancia. A estos jóvenes pronto los unió el piano de los Natera. La novia tocaba muy bien los clásicos en el piano y, al tiempo, Lorca se sumó a la música y la pareja tocó piezas a cuatro manos. Ya en esos poemas primerizos ha quedado el registro de esas aventuras: “El piano de cola de sonido sangraba/ con un vago Nocturno que un muchacho tocaba./ Ella vino a mi lado con su oro y su gasa/ ¿Es Chopin?... Sí, Chopin.../ Y no dije nada./ Después de separarnos/ la tristeza me ahogaba”.

García Lorca venía de terminar una etapa traumática en el Instituto de Granada. Sentado en el último asiento de la sala, Federico, el poeta suave, recibió el apodo de Federica. Remitido al ostracismo, García Lorca se empeñó en los libros e inició una obsesión en su conducta: por años intentó esconder sus modales femeninos. Fue entonces que vino ese balneario, el piano, la inspiración romántica y el primer enamoramiento de una mujer.

Por supuesto, como corresponde a la vida sangrienta de este notable español, hablamos de un amor de telenovela. Ella, María Luisa, provenía de una familia rica, los Natera, de un fuerte poder económico de la zona de Córdoba (corría el refrán: “Si quieres hacer carrera, cásate con un Natera”). Y él, un simple vago documentado, ya tenía decidido ser un poeta. Una rica y un poeta, ya en aquella época, resultaba imposible. Separados por la oposición de la familia, García Lorca empezó la escritura de cartas intensas que ella guardó con emoción hasta el momento de su matrimonio con otro hombre. Unos años después de que compartieran un piano, María Luisa Natera, la única novia acreditada de Federico García Lorca, se casó con Enrique Hitos Rodríguez, un artista de fin de semana, que en verdad vivía de farmacéutico. Tiempo después, según han dicho los hijos de ese matrimonio, Enrique Hitos Rodríguez quemaría todas las cartas del poeta. No por celos, sino por temor. No era conveniente tener en un cajón las cartas de un antifalangista.

Ian Gibson tenía la sospecha de que los primeros poemas de Lorca, tan melancólicos, no podían ser sólo arrebatos imaginarios. Gibson sospechó que provenían de una poderosa fisura sentimental. “Intuí que venían de una pérdida que él sufrió como drama” ha comentado. Si bien, García Lorca ha sido ensalzado por su fascinación por el mundo femenino, resultaba extraño que no tuviese una musa visible.

María Luisa Natera se ha vuelto el nuevo hito en la biografía del poeta. Y fueron sus mismos hijos los que comunicaron la noticia. Tras un especial del poeta emitido en la televisión, contactaron a Gibson. Le dijeron que su madre, ya fallecida, de pronto les habló de un pretendiente simpático, el poeta frágil que se enamoró de ella. Era, ni más ni menos, Federico García Lorca.

El poeta públicamente siempre habló con evasivas del amor. Enfrentado a la consulta de algún periodista, siempre justificaba su soltería con una frase: “Me debo a mi madre”. La época no estaba preparada para aceptar a un renombrado homosexual. Pero lo cierto es que García Lorca tuvo grandes amores. Amó a un tal Rafael Sánchez, amó al escultor Emilio Ladren y amó a Salvador Dalí. De modo que García Lorca, como buen poeta, vivió el amor. Se sabía que había amado a todos esos hombres y, desde ahora, también se sabe que amó a una mujer.

El amor por Salvador Dalí

Entre los enamoramientos más apasionados de García Lorca hay que contabilizar su relación con Salvador Dalí. El poeta y el pintor compartieron los años juveniles de la Residencia de Estudiantes de Madrid. García Lorca estaba enamorado de Dalí, pero fue un amor no correspondido. Por esos años, Dalí tenía horror a todo lo que tuviera que ver con la sexualidad de cualquier género. Este singular dúo era en realidad un triángulo mayor, pero de profunda amistad. El tercero era el cineasta Luis Buñuel.