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viernes, 25 de septiembre de 2009

TOP 10 DEL KAMASUTRA

Da rienda suelta a tu imaginación y fantasías con estas posturas que te proponemos:

El cartero: La mujer está tumbada sobre la espalda, las nalgas en el borde de la cama. El hombre se encuentra arrodillado en el suelo sobre unos almohadones o de pie y la penetra acariciándole los senos y el clítoris. Esta posición puede hacerse también sin el movimiento de vaivén, la mujer atrae hacia ella a su pareja, envolviéndole con sus piernas entrelazadas. Posición muy excitante: ella siente las pulsaciones de la pelvis y él las contracciones de la vagina.

La amazona: El hombre se encuentra cómodamente sentado sobre una silla. La mujer se monta a horcajadas sobre él. Mientras que ella hace movimientos de vaivén, él le mordisquea los senos y guía los movimientos con sus manos. Esta posición es original y estimulante.

La adoración: Ella a cuatro patas apoyada cómodamente sobre sus antebrazos. Él, de rodillas la penetra por detrás. Esta postura clásica resulta muy placentera para los dos. En efecto, permite un penetración profunda que estimula las paredes de la vagina y el punto G de la mujer, además él puede acariciar al mismo tiempo el pecho y el clítoris de su pareja. Esta postura procura igualmente al hombre un punto de vista muy excitante, permitiéndole satisfacer sus fantasías de dominación. Algunas mujeres se pueden sentir un poco humilladas con esa postura. A otras puede producirles dolor.

La libélula: Ambos tendidos de costado, en un lugar cómodo y flexible, como la cama. Ella de espaldas a él, los cuerpos amoldados... En un alarde de destreza, la mujer pasa su pierna externa flexionada abriendo la puerta al placer: el hombre la penetra haciendo palanca con la pierna de ella, que se apoya en la cadera de él. Los secretos que el hombre puede propiciarle a su compañera por la cercanía de su oreja son el condimento perfecto para alcanzar el máximo de placer. La penetración llega hasta la mitad del camino, por lo que el goce viene de la mano del deseo de que se haga profunda y estalle en el orgasmo más excitante.

La profunda: Esta es una posición de penetración total, de allí su nombre. Con las piernas elevadas y abiertas, ella aguarda a que su compañero introduzca el pene en su vagina para calzar sus piernas en los hombros de él, que apoyará sus manos para regular el movimiento. A muchas mujeres puede parecerles complicada, incómoda o dolorosa la visualización de esta postura, pero vale la pena probarla porque ofrece la penetración absoluta y un contacto genital único: los testículos se posan suavemente entre los glúteos y el clítoris se encuentra presionado por la abertura de las piernas. La dificultad para besarse y la distancia de los rostros pueden ser ampliamente excitantes para ambos.

La acrobática: No apta para cuerpos entumecidos, esta posición puede parecer incómoda, pero si la flexibilidad lo permite puede resultar muy excitante. El se acuesta relajado y erecto. Ella se coloca de espaldas a él, se hace penetrar, flexiona sus rodillas y se inclina hacia atrás, lentamente para que el pene no se salga de la vagina. Para activar el movimiento necesario para el coito, ella debe levantar su vientre y relajarlo sobre el de su compañero. Él tiene fácil acceso al clítoris y los pechos de su compañera. Ella no puede estar más cargada de ocupaciones, con lo cual no tiene más que relajar el resto del cuerpo hasta acabar más cansada que nunca, lo que hace más excitante el orgasmo. Según el Kama Sutra muchas de estas posiciones están tomadas del hatha yoga, por lo cual pueden resultar difíciles para los no iniciados.

La hamaca: El hombre está sentado (preferentemente en una superficie dura, no la cama), con las piernas flexionadas y se toma la parte posterior de sus rodillas. De esta manera, recibe a la mujer que se hace penetrar acomodándose en el espacio que queda entre las piernas de él y su tronco. El presiona con las rodillas el cuerpo de su compañera, la atrae hacia el suyo provocando el vaivén de ambos mientras, por ejemplo, le besa los pechos que están a la altura de su rostro. Una sensación única que recuerda el tierno ir y venir de las hamacas de la infancia.

El sometido: El hombre se acuesta cómodamente entregando su placer a la voluntad de su compañera. Aprovechar este juego de sometimiento masculino puede ser un estimulante total para ambos: el encuentro puede empezar con caricias y besos de ella a él, que permanece siempre en la misma posición, para terminar en la penetración profunda que permite la posición, donde ella se coloca de espaldas y controla los movimientos ayudándose de los brazos. Muy erótico para el hombre resulta que ella asome su rostro por sobre su hombro. Además, el hombre tiene un fácil acceso al ano y los glúteos de su compañera, quien puede disminuir la velocidad de los movimientos para disfrutar del estímulo anal o de que su pareja toque sus pechos.

La somnolienta: La mujer se tiende de costado y el hombre se ubica en su espalda para penetrarla. Ella estira una pierna hacia atrás y la enrosca en la cintura de él. Ideal para hombres dotados y mujeres flexibles, "la somnolienta" cumple varios anhelos de las mentes fantasiosas: en primer lugar, que ella esté de espaldas a él, y al mismo tiempo acceda a su rostro y cuello. Además, que él tenga cómodo acceso al clítoris y los pechos de su compañera. La apertura de la pierna posterior de ella para recibir al pene y el abrazo de esa misma pierna alrededor del compañero es quizás lo más sexy de esta postura. Anímate!

La catapulta: Elevar las caderas, en el caso de las mujeres, es una valiosa fuente de placer, ya que pone en contacto con el cuerpo del hombre áreas de su cuerpo que, en posiciones más tradicionales, no se tocan. En este caso, el hombre se arrodilla y recibe la vagina de su compañera dejando que ella apoye los glúteos en sus muslos. La mujer puede extender sus piernas en el torso del varón o flexionarlas apoyando las plantas de los pies en su pecho. El hombre tiene fácil llegada al clítoris, por lo que puede estimular la zona con las manos y mirar la vagina en primer plano. El ritmo lo marcan juntos, acorde al deseo de ambos y a la flexibilidad de la mujer.

EL BESO COMO SIMBOLO

En esta época de tantas seguridades vivimos sin embargo rodeados por la conciencia cada vez más viva del riesgo. La inquietante amenaza del H1N1 que nos trae la gripe A parece que va a proscribir el uso social del beso entre nosotros. Lo cual, a mi juicio, es una pena.

El beso es un antiquísimo y extendido uso social, además de ser, cuando es intenso e íntimo, un juego sexual. Nuestro padre Freud dictaminó que el beso erótico es nada menos que un intento inconsciente de volver a la seguridad del pecho materno (elemental querido Sigmund).

El beso en la mejilla, o en la manos, se ha usado desde tiempo inmemorial como gesto de bienvenida y de despedida; el Beso de la Paz aparece expresamente en el Nuevo Testamento; besos de respeto se dan sobre la Torah cuando ésta es introducida en la sinagoga; en los templos cristianos, cuando se lee la Biblia, se besan las reliquias; en las iglesias ortodoxas es común el beso de los iconos, así como en otros contextos se besan estatuas, o a los líderes, como signo de lealtad.

Se besan los dados en el casino para pedirles suerte, y es común el beso en los cuentos de hadas como fuerza curativa con capacidad para romper encantamientos como en la Bella Durmiente, o también como símbolo de protección como en la leyenda del Anillo de los Nibelungos.

Incluso en la masonería el beso fraternal es también un acto lleno de significado: está asociado a la paz. En el siglo XVII se escribió el trabajo más extenso sobre el beso, 'Opus Polyhistoricum (...) de Osculis (...)', del autor germano Martin von Kempe (1642-83), que reunió en su obra de 1.040 apretadas páginas citas y referencias de todo tipo sobre la costumbre y el significado del beso desde los autores clásicos greco-romanos, la Biblia y todas las referencias legales y médicas que pudo encontrar catalogando más de 20 formas de besos todas ellas profusamente documentadas.

Desde luego, también el beso tiene su lado oscuro. Existe el beso de la Mafia que puede significar reconocimiento y también muerte, el beso de Judas que significa traición, el beso de Satán que significa condenación eterna.

Parece que algunos estudios zoológicos han acreditado también el uso del beso entre cierto tipo de monos, los bonobos, una rama de la familia de los chimpancés que usan constantemente el beso como una estrategia para la reducción de las tensiones, para tranquilizarse mutuamente y reducir cualquier temor o tensión competitiva. A través del beso social detectamos ¿la vibración de amistad?, ¿superioridad?, ¿igualdad? Confianza.

El beso ritualizado entre nosotros tiene un valor simbólico pero conserva también una resonancia afectiva y psicobiológica, más o menos remota, asociada al poder de vinculación de la intimidad, al simple placer del contacto, a los condicionamientos individuales, a las fantasías inconscientes y al valor social que se le otorga en diferentes sociedades.

Sin embargo, el uso social del beso no es universal, curiosamente no es tradicional en las culturas subsaharianas, asiáticas o polinesias y si se ha introducido en ciertos niveles es por influencia occidental.

En los países islámicos no es admisible el beso entre personas de distinto sexo que no estén unidas por matrimonio o por vínculos familiares de sangre, pero sí se admite el beso en la mejilla como señal de saludo entre personas del mismo sexo.
Entre nosotros, sin embargo existen diferentes protocolos sociales respecto del beso.

En Francia es habitual el triple beso como señal de salutación incluso entre hombres -los anglosajones prefieren 'shaking hands'-; en los países eslavos se admite incluso el beso en los labios entre varones -muchos recordaremos la imagen, entre terrible y cómica, de Leonidas Breznev y el camarada Honecker besándose en los labios con motivo de alguna conferencia internacional-; en los demás países el beso entre hombres no es socialmente admitido salvo entre padres e hijos o parientes muy próximos y desde luego siempre en la mejilla.

El beso es un gesto de paz y no andamos sobrados de gestos de paz para renunciar a ninguno. ¿Por qué hace falta hacer constantemente gestos de paz? Precisamente porque la paz nunca está dada de una vez y para siempre, la tendencia natural de las relaciones humanas conlleva una deriva hacia la distancia, el equívoco y la tensión. Si por razones higiénico-sanitarias y por culpa de la gripe A nos vemos obligados a limitar el uso del beso tendremos que encontrar otra forma de gestualizar nuestros deseos de paz, nuestro afecto y los vínculos de solidaridad con los que nos identificamos.