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lunes, 21 de junio de 2010

El Kamasutra de la Argumentación

Durante las últimas semanas he participado en decenas de argumentos con amigos y conocidos. 

Aunque el tema politico ha sido el principal, también hemos discutido sobre religion, arte, fútbol, vinos, celulares, e incluso sobre cómo el que come papas de McDonalds con helado de vainilla no tiene la autoridad moral para criticar al que come Doritos con helado de mora de Crepes & Waffles (es delicioso!). 

En estas conversaciones he llegado a identificar siete posiciones que se pueden adoptar en una argumentación que tienen un buen paralelo con la caracterización de la gente en la cama.

1. Los apáticos: Argumentar con ellos es como acostarse con un buñuelo o una vaca muerta. Dicen las abuelas que de política y de religion no se habla. Hay personas que lo toman al pie de la letra. Su lógica es que para mantener la armonía, únicamente se deben tratar temas que no generen ninguna polemica. Es así como las conversaciones con estos personajes tienden a desembocar a una repetición insulsa de descriptivos como “supieron que Mauricio se casó?”, “me encanta el color de las cortinas”, “el almuerzo está delicioso”, etc. Esto no quiere decir que ellos no conozcan del tema o tengan alguna posición definida, simplemente prefieren no compartirla.

2. Los nuevones: Argumentar con ellos es arrancar de 0 con un/una virgen. Son los personajes que se sientan y declarándo que tienen un conocimiento limitado sobre algún tema demuestran su interés mediante la formulación de preguntas. Están ansiosos de aprender y son muy útiles para iniciar conversación y conocer las posiciones de los presentes. Sin embargo, no se puede asumir este rol por mucho tiempo para no pasar por ignorante o por simplón. Llega un punto en el que la gente se cansa de oir su propia voz (por lo menos la mayoría) y le gusta conocer puntos de vista distintos.

3. Los expertos: Argumentar con ellos es estar con un/una que se las sabe todas pero no ha hecho nada. Son la enciplopedia del argumento. Conocen hechos y datos, argumentos a favor y en contra del estado de la materia. Sin embargo, no fijan su propia posición y tienden a salirse por la tangente con  frases como “depende del punto de vista”, “desde una óptica…”, “aún es necesario investigar”, etc. Aunque también aportan al argumento, su falta de compromiso y pasión con el tema los hacen estériles para la conversación. Ninguna conversación con ellos se subirá de tono debido a que detrás de cada una de sus frases no hay un alma sino una fuente.

4. Los apasionados: Argumentar con ellos es estar con un buen catre. Puede que nos guste o no, pero saben lo que están haciendo. Puede que no sean expertos, pero conocen del tema y hablan con pasión al respecto. En cada una de sus frases se entrevé su posición y explican las premisas que los llevaron a tomarla. Sus posiciones son sólidas y creen firmemente en lo que dicen pero permiten a los demás expresar su opinión. Con la intención de convencer al otro buscan las premisas falaces e intentan hacer temblar la construcción lógica de la posición del interlocutor. Están abiertos a oir argumentos contrarios, procesar si estas afectan su posición y evolucionar su lógica. Es muy raro oirlos decir “tienen razón”, pero lo hacen. Tienden a ser repetitivos y a aburrir a los demás con los mismos puntos y las mismas posiciones, por lo cual a veces hay que llevarlos a cambiar de tema.

5. Los fanáticos: Argumentar con ellos es estar con alguien a quien sólo le gusta hacerlo de una forma y nunca experimenta nada nuevo.  Es muy similar al apasionado salvo que su posición es inamovible. Intentan convencer pero sin abrirse a ser convencidos. Como una radio, repiten una y otra vez los mismos puntos y no reaccionan bien frente a los cuestionamientos de su lógica. Tienden a salirse por la tangente con falacias, cambios de tema, o simplemente ignoran los argumentos contrarios y vuelven a repetir su posición. Son sumamente molestos e incluso peligrosos, dado que cierran la posibilidad a otras alternativas.

6. Los saboteadores: Argumentar con ellos es estar con un impotente o una frígida. Les gusta tomar posiciones distintas a la propia únicamente para llamar la atención y tener un rol en el debate. Protegen su verdadera y vulnerable personalidad mediante mascaras de posiciones distintas a la suya. En vez de afrontar sus propios problemas engañan a los demás.

7. Los manipuladores: Argumentar con ellos es estar con un adicto / una ninfómana que graba videos y después los vende por Internet. Se adaptan para aprovecharse de las debilidades de su interlocutor y cambian su posición de acuerdo a lo que creen los puede poner en mejor situación para recibir algo a cambio. No les interesa argumentar sino conocer y aprovecharse de argumentos hechos en confianza para usarlos después en contra de la persona que los dijo.

El arte de la argumentación no solo nos da satisfacción en si gracias a que nos conecta con otros seres humanos, sino que es la base para que una sociedad evolucione sus puntos de vista mediante la dialéctica hegeliana. No podemos ser apasionados en todo pero sí debemos serlo en cuanto a los temas críticos del ser humano: como vivimos la vida como individuos (ética, moral, religion) y cómo interactuamos como sociedad (política, valores, cultura).

Debemos entender contra quién nos enfrentamos a la hora de sentarnos a participar en una conversación. Hay que inspirar a los apáticos a participar, llevar a los nuevones a conocer puntos de vista y fijar su posición, lograr que los expertos vivan sus posiciones con pasión, abrir a los fanáticos a nuevas premisas, desenmascarar a los saboteadores y controlar a los manipuladores para reducir el daño que pueden hacerle al arte de la conversación. Empecemos por hacerlo con nosotros mismos.

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