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lunes, 28 de junio de 2010

Jugando en la cama: juegos sexuales divertidos.

Mantener relaciones sexuales es algo más que una obligación entre las parejas (el célebre débito conyugal). Es algo divertido, placentero, que permite estrechar las relaciones de sus miembros. Por eso, la cama debería ser un lugar donde las parejas se lo pasen bien, además de dormir.


La inmensa mayoría de las parejas terminan manteniendo relaciones sexuales de la misma manera: un poquito de caricias preliminares, algún beso, quizás, y coito en la posición del misionero. Veinte minutos en total, prolongando mucho las cosas. Al principio de la relación suele haber una variedad de actividades sexuales mayor, pero con el tiempo se instala la rutina y todo se reduce a la secuencia mencionada. 

Y no es por falta de voluntad. Es que en toda relación hay épocas donde se acumula el trabajo y los estudios, donde la crianza de los niños y el mantenimiento de la casa ocupa mucho tiempo. Por mucho interés que se ponga, el cansancio hace de las suyas y obstaculiza las relaciones sexuales.

Conviene preparar el escenario. Un dormitorio apacible, sin ruidos ni interrupciones, permitirá jugar con tranquilidad. Para ello, habrá que hacer algo con los niños: que se los queden esa noche los padres, o algunos buenos amigos. En caso contrario, habrá que buscar ese escenario tranquilo en un hotel.

Besarse por todas partes es el más sencillo de los juegos sexuales. Eso requiere, también, desnudar al otro con lentitud para descubrir poco a poco todo su cuerpo. Claro que se puede aprovechar el momento para desnudarse cada cual por su cuenta, despacio, ofreciéndole al otro un espectáculo sensual. La música y la luz tenue serán buenas aliadas.

La piel es un órgano extraordinariamente sensible. Hay que acariciar por todas partes. Lo ideal es que esas caricias no toquen la principio las zonas erógenas. Después, sí, siempre que no sean los genitales. Estos podrán rozarse con mayor o menor intensidad, más tarde, y sólo de vez en cuando. En estos momentos, la erección y la lubricación serán máximos.

No se olvide que la masturbación del otro es una escena que excita al máximo tanto a hombres como mujeres. se les puede ofrecer ese espectáculo; pero sin tener como objetivo alcanzar el propio orgasmo (o sí; lo que se desee), para poder continuar con más juegos.

A algunas personas les gustan que les hablen. Si la pareja es de estas, habrá que hablarle. Y si le gustan las obscenidades, añadirlas al discurso. 

El sexo oral puede incluirse en el juego. O bien para llevar al otro al éxtasis, o como un modo de aumentar la excitación. Aquí también pueden entrar en juego los juguetes sexuales. Y si no se tienen, pueden utilizarse cepillos de dientes eléctricos sin la pieza de limpieza, para estimular los genitales del toro (o los propios, en su presencia).

En ocasiones, resulta fascinante observarse en plena acción. Si es posible, podrían introducirse en la habitación algunos espejos que permitan a la pareja verse desnudos, reaccionando a las caricias del otro e, incluso, llegando al orgasmo.

Pueden introducirse juegos de control/sumisisión, tapándole los ojos al otro, atándole a la cama con suavidad. Pero no todas las personas gustan de estos juegos por suaves que sean.

Llegar al orgasmo es algo que podrá hacerse de diferentes maneras a las habituales. Se puede evitar el coito y practicar al otro sexo oral, o masturbarle, o masturbarse delante del otro.

Otras veces, las parejas pueden colocarse en habitaciones diferentes y practicar el sexo telefónico. La tecnología actual lo permite. Acariciar al otro con la voz, decirle cosas agradables, excitantes. Masturbarse mientras se le cuenta al otro lo que se está sintiendo. Sería otra variación.

Se puede sofisticar más el juego introduciendo disfraces y juegos a “como si” se fuera un médico y su paciente, un enfermo y la enfermera, un policía y el infractor, un bombero salvador y la víctima, etc.

Poder introducir estas variedades en el juego sexual es cuestión de dos cosas: disponer de tiempo y dejar correr la imaginación. 

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