
Y todo porque el cerebro de los amantes recién “estrenados” produce sustancias químicas muy especiales que les mantienen pegados el uno al otro cual lapas. Pero después de unos cuantos años de relación, dichos neurotransmisores se estabilizan, nuevas responsabilidades adquieren prioridad y entramos en la fase de un cómodo compromiso afectivo de dos personas que se quieren.
El deseo sexual en vuestra relación aún continúa siendo físico, sólo que ahora pasáis más tiempo acurrucados ante la tele que retozando entre las sábanas. Pero aunque esas sesiones de sofá den una envidiable imagen de unidad y complicidad, pueden proporcionar una impresión falsa acerca de la buena salud de la que goza vuestra unión.
Esta es una situación muy común que se repite en la mayoría de las parejas que aún continúan teniendo deseo sexual y que algunos terapeutas denominan “el abrazo tramposo”. La explicación viene a ser que tú te encuentras a gusto con esta intimidad relajada y crees que él siente lo mismo.
Después de todo, apenas se queja y el deseo sexual y el sexo todavía es bueno (cuando lo practicáis). Sin embargo, el varón está programado para procurarse sexo de forma regular, “pasando” de los sentimientos. Consiguientemente, no dejará entrever su frustración por miedo a que le cierres el grifo. Y cuanto más dure la situación, mayor probabilidad tiene un chico de buscarse su particular entretenimiento sustitutivo del sexo en pareja.
A saber: ver porno, masturbarse con más frecuencia, flirtear con otras mujeres y, en el peor de los escenarios, ser infiel. Pero no te asustes. Una vez que te hayas dado cuenta de lo que ocurre, puedes aplicar un tratamiento al deseo sexual de emergencia, reestablecer vínculos y dejar atrás los problemas.
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