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miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Ombligo, El Centro del Placer

Algunos pueblos indígenas de México creían que untando el ombligo de las niñas con miel se garantizaba que en el futuro fueran dulces y encantadoras; sabrosas y acarameladas. 

Quizá sea cierto o quizá no... pero el ombligo concentra un innegable halo sexual. ¡Saboréalo!

¿Dónde reside el sensual encanto del ombligo? Quizá sea porque no hay dos iguales, quizá sea porque se sitúa en una zona caliente, quizá sea porque... ¡Qué sé yo! Lo cierto es que las cosquillitas, los besos y las suaves caricias alrededor del ombligo son capaces de inflamar los ánimos más gélidos.

La zona del ombligo es, sin duda, un territorio sensual, sugerente... ¡muy, muy sexual! Pero... no basta. No te quedes ahí. Sube con tus caricias y besitos, desde el ombligo hasta el pecho. Y, después, baja con los dedos y los labios, desde el ombligo hasta... bueno, ¡los límites los pones tú!

Manos (o bocas) a la obra

Es cierto: el ombligo es diminuto. A penas unos milímetros capaces de destapar la caja de los truenos. Sólo tienes que saber tocar las teclas adecuadas. Y para descubrir cuáles son las zonas más calientes al entorno de lo que fue el cordón umbilical lo mejor es explorar con la propia anatomía. Existen infinidad de terminaciones nerviosas que se concentran en esta parte del cuerpo. Descubrir cómo estimularlas es sólo cuestión de tiempo y de práctica. Así que no te cortes: ponte manos a la obra.

Y... ¿cómo se acaricia el ombligo? Con infinita suavidad y dulzura, por supuesto. Y como te dicte tu imaginación. Puedes hacerlo con la yema de los dedos, en frío o con aceites aromáticos estimulantes. ¡Pruébalo!

Pero si realmente quieres encender a tu pareja deja que la boca entre en acción. Las caricias con la lengua y los besitos son la mejor forma de estimular el ombligo de cualquiera.

El ombligo es un cuenquecito donde puedes fundir el placer gastronómico y sexual. ¿No crees que el ombligo es el mejor recipiente para tomar las frutas del amor? Sí, es cierto, las raciones serán mínimas pero... el gusto se potencia infinitamente. Debes saber escoger qué servir en este exótico plato. ¿Qué te parecen unas fresitas silvestres, unas frambuesas o unas uvitas? La nata o la miel queda reservado sólo para las parejas más almibaradas.

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