`` Estimada doctora Blasco: Seré breve: mi problema es que nadie me enamora ni alcanza a estimularme. Estoy pasiva. No tengo novio ni aventuras. Nadie me resulta. ¿Por qué?''.
Tu carta es muy breve. Tanto, que me veo obligada a ampliar un poco más el tema para incluir algunas situaciones posibles. Lo que sí expresas con toda claridad es que no puedes vincularte con los otros, ni sexual ni afectivamente.
Desde el punto de vista erótico la ausencia de deseo sexual es tan frecuente que tiene nombre: deseo sexual inhibido. La causa es muy habitual: la educación que condena el deseo sexual en la mujer desde la más tierna infancia. ¿Qué niña no ha sido sorprendida mientras se masturbaba? ¿Cuántos padres reaccionaron con desconcierto o desaprobación ante esa normal manifestación de la sexualidad infantil? Casi todas las mujeres recuerdan castigos más o menos dramáticos.
O aquellos rictus enjuiciadores. O la falta flagrante de información, aunque el cuerpo y las ganas la reclamaban a gritos. Para otras, el ``adiestramiento'' fue tan eficaz que borró todo rastro de calentura.
Además, el desinterés erótico no siempre es patológico ni causa malestar.
Algunas personas tienen escaso apetito sexual sin producirles molestia, a menos que las modas de turno ejerzan una presión desestabilizadora. Factores biológicos, psicológicos y emocionales intervienen determinando la conducta sexual de cada persona. Cada uno es un ser particular y debería sentirse libre de experimentar su sexualidad a su manera, mientras coincida con el compañero.
Existen varias causas de anorexia sexual: el ritmo de vida actual; las presiones laborales, así como una cultura que fomenta el éxito inmediato o el descarte. Todo esto drena la libido y desvía las pasiones que habitualmente se expresan en goces del cuerpo hacia la búsqueda de sobresalir del montón.
Lo más grave es que los protagonistas no se enteran de lo que les pasa. Al estar olvidados de sus sensaciones, desatienden los pedidos del cuerpo, que al final opta por enmudecer.
La ausencia reiterada de satisfacción sexual es otra causa frecuente de anorexia sexual. Cuántas gozan las caricias sensuales pero, consumada la penetración, el placer se les escapa como voluta de humo y el deleite del sexo se diluye paulatinamente, sin que se atrevan a indagar el porqué.
Afectivamente, no sorprende una cierta apatía generalizada. Más, si rondas la veintena. Hoy en día, cientos de príncipes azules se presentan cada noche en la pantalla de tu televisor, tan cercanos a tu cama, que parece posible conseguirlos con sólo estirar la mano. No siempre tu compañero tiene tanto glamour. Y más si sumas un resquemor: ser usada y descartada ante la más mínima falla. Los encuentros que se suceden al ritmo del videoclip no dan tiempo a intimar.
Si bien por tu carta no puedo darte una receta específica, no parece extraño que la falta de amor y deseo estrechen manos para que ``nadie me enamore ni alcance a estimularme''. El bálsamo que ayuda a curar tanta anorexia se llama amor, eficaz afrodisíaco.
A toda mujer que comparte contigo esta ausencia de apetito sexual siempre le propongo: conoce aquellos resortes de tu cuerpo que te excitan. Luego, si tienes compañero, trasmíteselos; sino, disfrútalos a solas. Será el comienzo del camino.
Aprender a distinguir entre realidad y fantasía es un paso necesario para elegir aquel más acorde con tus auténticos intereses y posibilidades, de modo que Eros --amor y sexo-- fructifique de este lado de la pantalla, en la vida real.
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