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miércoles, 21 de abril de 2010

Sexo en la Ducha, Ttoda una Experiencia

Practicar el sexo dentro del agua es una de las fantasias eróticas más recurridas. El elemento agua está intrínsecamente ligado a la sexualidad, sobre todo a la femenina a través del flujo. Seguro que nada más leer el título ya te has imaginado en las cascadas de El Lago Azul, con una Brooke Shields joven y mojada. O puede que te venga a la mente la libertina piscina de Show Girls… incluso el sugerente ménage a trois en la bañera de Soñadores.

Mitos del cine erótico aparte, la mayoría de los mortales nos tenemos que conformar con una estrecha ducha donde desarrollar nuestros deseos sexuales, algo que no es nada práctico. Pero aun nos quedan posibilidades, aunque tengan un carácter mucho más cotidiano. ¿Qué se puede hacer en una ducha? Aquí te proponemos unas cuantas cosas, pero échale imaginación y encuentra tus propios divertimentos bajo el chorro de agua.

En primer lugar, mejor si recurrimos a un poco de ayuda. Atrévete con los geles de aromas exóticos, los exfoliantes, los aceites… juega con la espuma y ten a mano siempre un guante de ducha. Cuanto más juntos, mejor. Así vuestros cuerpos se deslizarán uno contra el otro. Si no tenéis espacio para realizar el coito, tocaros mutuamente o recurrid al sexo oral. Una sesión de sexo en la ducha puede ser muy estimulante nada más levantarse, seguro que en tu trabajo empiezan a decirte que tienes mejor cara.

Si lo que te gusta es usar la imaginación para trasladarte a espacios alejados de la rutina diaria, permite que la ducha se convierta en vuestro oasisparticular. Coloca el mango en el soporte, deja que el chorro caiga sobre vuestros cuerpos y que el vaho inunde el ambiente. Cierra los ojos e imagina que te encuentras en algún país tropical, bajo una cascada… y con tu compañero sexual. Los cuerpos mojados casan mejor que secos, seguro que las sensaciones táctiles que experimentas bajo el agua no se parecen a lo habitual.

La ducha también puede ser un buen lugar para vivir tu sexualidad en solitario, tengas o no pareja. Lo creas o no, practicar sexo a solas puede ser una buena excusa para disfrutar de tu soledad. Escoge el momento que más te guste: una ducha mañanera o una relajante y nocturna.

Coge el mango y dirige el chorro de agua hacia tus zonas más erógenas. Experimenta y cambia, seguro que sales mas que satisfech@ con la experiencia.

Cuando se trata de sexo, un poco de ingenio nunca viene mal para suplir las carencias logísticas que todos sufrimos.

El Sexo y la Medicina



Cuando Freud descubrió una serie de rasgos comunes en las mujeres que acudían a su consulta médica, se dió cuenta de que éstas no tenían ningún problema físico… sino psicológico. Este es el germen del llamado histerismo. 

Mucho ha llovido desde entonces y términos como el mencionado han sido superados. Sin embargo, vamos a hablarte de cómo la medicina ha tratado las “supuestas” enfermedades sexuales a lo largo de la historia moderna. Desde aquí no podemos ser demasiado exhaustivos, sin embargo te damos algunas pinceladas que te pueden ayudar a saber por dónde profundizar.

La incomprensión del cuerpo y la biología de la mujer, así como un miedo manifiesto a todo lo que el hombre no puede controlar o se escapa de la norma, ha sido siempre sujeto de juicios y consideraciones no siempre acertadas. En ocasiones a manos del Estado, en otras de la Iglesia. A finales del siglo XIX y  principios del XX, fue la rama científica la interesada en inspeccionar los vericuetos de la sexualidad. Pese a que muchas de las teorías de Sigmund Freud hayan sido despreciadas, sí podemos decir que el austríaco inició una vía de investigación inédita hasta el momento.

Estableció los pasos de la líbido, afirmando que, en la infancia, todos desarrollamos una sexualidad “polimórficamente perversa” basada en tres etapas: la oral, la anal y la fálica. Freud neurotizó la sexualidad, la incribió en el campo de la psiquiatría, al relacionarla con conceptos como el incesto (ahí está su famoso complejo de Edipo), trastorno mental y perversión.

La popularización de las ideas de Freud propició  que durante la primera mitad del siglo XX las minorías sexuales se viesen afectadas. Al describir la homosexualidad como una práctica perversa y patológica, muchos homosexuales de la época fueron internados en centros de salud mental.

Desde la medicina se intentó curar la homosexualidad con distintos métodos que, desde luego, denigraban la condición de aquellos que seguían dichos tratamientos, creándose en la conciencia colectiva la convicción de que existía un estatuto pervertido y truamático en dicha opción sexual. Sin embargo, en este punto el propio Freud se contradice.

La “inversión sexual” ha sido tratada en muchos de sus trabajos y, según el médico, dicha inversión respondía a una “elección del objeto”… mecanismo mental que no supone ningún enjuiciamiento moral ni sacrificio ético.

Mucho tiempo ha pasado desde estas primigenias teorías sexuales. Afortunadamenta la sexología moderna, pese a interesarse en la conducta humana, ya no está ahí para diagnosticar y segregar a los que permanecen fuera de la norma social, sino para tratar de comprender conductas y flujos.

Las parafilias, la constitución de una determinada norma sexual, el análisis de la sexualidad de grupos determinados, el coito, el desarrollo sexual, las adicciones sexuales… distintos campos de acción en los cuales esta disciplina puede discurrir. El enjuiciamiento clínico ya no es una baza segura para controlar a la sociedad.