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miércoles, 26 de mayo de 2010
He vivido la homofobia en carne propia
| José Antonio Maldonado ha sufrido la discriminación y por ser el simple hecho de ser gay ha sido rechazo. |
"Yo he sufrido en carne propia no sólo los actos de homofobia, sino también de discriminación, no sólo por ser gay, sino también por ser un joven que vive con VIH, lo cual la sociedad lo estigmatiza aún más", expuso José Antonio Maldonado, originario del estado de Campeche, quien a los 16 años fue contagiado con el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida".
TH.- ¿Ha sido difícil para ti sobrellevar tu preferencia homosexual además de ser seropositivo? "Sí, sobre todo como joven que vive con VIH y como gay, porque desde hace muchísimos años el VIH ha sido estigmatizado por la sociedad, la cual es atribuida sólo al colectivo gay y es difícil que sea aceptado, sobre todo en la familia, el trabajo, la escuela, con los amigos e incluso dentro de las relaciones amorosas".
TH.- ¿A los cuántos años adquiriste el VIH? "Actualmente tengo 22 años, a los 16 fui diagnosticado y desde hace seis años vivo con esta enfermedad, la contraje desde que inicié mi vida sexual con hombres sin protección, porque yo no sabía que existía esta enfermedad, en las escuelas la información que te dan es mínima, por eso muchos jóvenes como yo se están contagiando por ignorancia".
TH.- ¿Has sufrido discriminado por tu familia no solo por ser gay, sino también por tu enfermedad? "Ha sido muy difícil, porque ellos crecieron con una información que no conocían y después de que se enteraron fue muy difícil y doloroso para ellos, pero con el trabajo y la información que les he venido dando, ya saben que significa no solo ser gay y vivir con VIH".
TH.- ¿Te han negado los servicios de salud o te has sentido discriminado por ser seropositivo? "En el estado de Campeche de donde soy originario sí tenemos acceso a los medicamentos antirretrovirales, donde tenemos problemas con muchos compañeros es en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) donde hay bastante desabasto de medicamentos".
TH.- ¿Consideras que ser gay y vivir con VIH es una maldición para ti? "No, el problema es que cuando no tienes información, cuando desconoces que es tener una orientación sexual a las comúnmente establecidas o lo que es vivir con VIH, es normal que una persona se asuste, pero cuanto tienes la suficiente información yo creo que es una oportunidad de vida".
TH.- ¿A tu corta edad ya realizas labor social? "Actualmente soy el coordinador de un área para jóvenes que viven con VIH en una organización que se llama colectivo AMAGI y soy integrante del grupo coordinador nacional de la Coalición de Jóvenes por la Salud Sexual (Cojes), además de que estudio la licenciatura en Educación y me gusta apoyar a otros jóvenes para que no se vean afectados como yo".
Cuando el sexo se convierte en algo cotidiano y forma parte de la rutina
Las exigencias de la vida cotidiana han hecho que el sexo se plantee como una cuestión de eficacia y rendimiento, similar al trabajo.
Me lo propongo, empiezo, cumplo y termino. Un trámite, una rutina de la (supuesta) “no rutina” de tener sexo. Así, la sexualidad se convierte en un parangón para medirse y compararse y no en una oportunidad de goce. En verdad, el cansancio, el estrés, la depresión y la angustia son los peores enemigos de la actividad sexual en pareja.
El exceso de energía que demanda la vida diaria en la era moderna hace que a las personas no les sobren deseos de iniciar ningún tipo de actividad nueva, mucho menos sexual, que requiera cierta dedicación, y esto hace que disminuyan los estímulos y se empobrezca la relación íntima con uno mismo y con el otro.
Las últimas encuestas realizadas demuestran que, en el siglo XXI, la incertidumbre laboral es el factor que más afecta a la sexualidad de la pareja. Es una preocupación que impide la relajación necesaria para sentir deseo y gozar sin dificultades. Además, hay otro factor importante: la mayoría de las personas tiende a depositar las tensiones cotidianas en la persona que tiene a su lado, ya que es la más cercana. Esto se traduce en forma de peleas y rechazo, que afectan la sexualidad en sus diferentes etapas: deseo, excitación y orgasmo.
De ahí que en el consultorio veamos con mucha frecuencia consultas de mujeres por anorgasmia, por falta de deseo e incluso con trastornos de excitación, y en los varones, casos de eyaculación precoz, falta de deseo y disfunciones erectivas causadas por este gran mal que es el estrés.
Me lo propongo, empiezo, cumplo y termino. Un trámite, una rutina de la (supuesta) “no rutina” de tener sexo. Así, la sexualidad se convierte en un parangón para medirse y compararse y no en una oportunidad de goce. En verdad, el cansancio, el estrés, la depresión y la angustia son los peores enemigos de la actividad sexual en pareja.El exceso de energía que demanda la vida diaria en la era moderna hace que a las personas no les sobren deseos de iniciar ningún tipo de actividad nueva, mucho menos sexual, que requiera cierta dedicación, y esto hace que disminuyan los estímulos y se empobrezca la relación íntima con uno mismo y con el otro.
Las últimas encuestas realizadas demuestran que, en el siglo XXI, la incertidumbre laboral es el factor que más afecta a la sexualidad de la pareja. Es una preocupación que impide la relajación necesaria para sentir deseo y gozar sin dificultades. Además, hay otro factor importante: la mayoría de las personas tiende a depositar las tensiones cotidianas en la persona que tiene a su lado, ya que es la más cercana. Esto se traduce en forma de peleas y rechazo, que afectan la sexualidad en sus diferentes etapas: deseo, excitación y orgasmo.
De ahí que en el consultorio veamos con mucha frecuencia consultas de mujeres por anorgasmia, por falta de deseo e incluso con trastornos de excitación, y en los varones, casos de eyaculación precoz, falta de deseo y disfunciones erectivas causadas por este gran mal que es el estrés.
El sexo empieza en la cabeza
Siempre nos preguntamos por qué el desgano emocional repercute tanto en el deseo sexual. Es que el deseo sexual comienza siempre en nuestro más poderoso órgano sexual: la cabeza. Allí se generan los pensamientos y se procesan las imágenes y sensaciones que encienden o no nuestro deseo sexual.
Así como éste se abre camino cuando se cumplen ciertas premisas básicas: la atracción física, la novedad, la seducción, el establecimiento de cierta intimidad y la seguridad en el vínculo (aun cuando éste sea temporario), existen otros factores que lo inhiben totalmente. El estrés causado por el trabajo y el contexto social en el que nos hallamos inmersos, los problemas familiares y económicos. Además, las enfermedades o los conflictos emocionales crean tensiones con efectos adversos para la sexualidad.
Y no olvidemos otro factor, muy inhibidor del deseo: las dificultades en la comunicación con el compañero o la persistencia en desacuerdos no resueltos que acaban por incidir en el aspecto sexual. Y es porque la presencia o ausencia de actividad sexual funciona como un barómetro que señala lo bien o mal que está el deseo en la pareja.
El deseo sexual femenino es diferente al masculino; éste se presenta de un modo más constante y generalmente aparece “en automático”. En las mujeres, el deseo es mucho más variable y fuertemente selectivo. Para nosotras, la situación interpersonal, fuera del dormitorio, tiene mucha importancia y puede hacer fracasar cualquier escena sexual.
Incluso algunas mujeres manifiestan que al principio de la relación tenían mucho interés y que tras uno o dos años esa atracción comenzó a disminuir. Las fases iniciales de una relación están llenas de excitación y de sorpresa. Pero, al familiarizarnos con el otro, la espontaneidad y la variedad pueden desaparecer para dar lugar a uno de los virus más ‘enfermantes’ en una relación de pareja: el aburrimiento.
Así como éste se abre camino cuando se cumplen ciertas premisas básicas: la atracción física, la novedad, la seducción, el establecimiento de cierta intimidad y la seguridad en el vínculo (aun cuando éste sea temporario), existen otros factores que lo inhiben totalmente. El estrés causado por el trabajo y el contexto social en el que nos hallamos inmersos, los problemas familiares y económicos. Además, las enfermedades o los conflictos emocionales crean tensiones con efectos adversos para la sexualidad.Y no olvidemos otro factor, muy inhibidor del deseo: las dificultades en la comunicación con el compañero o la persistencia en desacuerdos no resueltos que acaban por incidir en el aspecto sexual. Y es porque la presencia o ausencia de actividad sexual funciona como un barómetro que señala lo bien o mal que está el deseo en la pareja.
El deseo sexual femenino es diferente al masculino; éste se presenta de un modo más constante y generalmente aparece “en automático”. En las mujeres, el deseo es mucho más variable y fuertemente selectivo. Para nosotras, la situación interpersonal, fuera del dormitorio, tiene mucha importancia y puede hacer fracasar cualquier escena sexual.
Incluso algunas mujeres manifiestan que al principio de la relación tenían mucho interés y que tras uno o dos años esa atracción comenzó a disminuir. Las fases iniciales de una relación están llenas de excitación y de sorpresa. Pero, al familiarizarnos con el otro, la espontaneidad y la variedad pueden desaparecer para dar lugar a uno de los virus más ‘enfermantes’ en una relación de pareja: el aburrimiento.
Los “jelly bracelets”: su significado sexual
Los padres que hoy ven a sus hijos adolescentes exhibiendo los famosos brazaletes multicolores en cualquiera de sus muñecas, deben poner un poquito de atención a lo que podría estar sucediendo.
Las revelaciones que van a leer a continuación podría ser algo más que unas sencillas pulseras de colores, sino que indican los gustos y tendencias sexuales, algo que ha ido avanzando entre los adolescentes de Estados Unidos. ¡La última moda! Incluso el ‘The New York Times’ ha hecho referencia al asunto; y en algunos colegios se ha tratado de prohibir su uso: son las pulseras conocidas como ‘jelly bracelets’.
Estuvieron muy de moda en los 80, ya que Madonna tenía sus brazos llenos de ellos. Ahora, los adolescentes norteamericanos las han recuperado para hacer referencia a sus prácticas sexuales favoritas.
Pero no sólo se trata de lucir la pulsera y comunicar al resto del mundo tus gustos más íntimos. Se ha dado un paso más con la invención de un juego denominado ‘Snap’. Sus instrucciones son bien sencillas: iniciar un ¿pilla-pilla?, tratar de romper la pulsera de algún chico o chica y conseguir realizar lo que ese color represente.
Cada color representa una práctica sexual concreta y al parecer, los jugadores siempre están dispuestos a llevarla a cabo. También denominadas ‘sex bracelets’, han configurado entre numerosos jóvenes norteamericanos un lenguaje secreto para que sus actos y gustos sexuales permanezcan al margen de adultos entrometidos.
Aunque desde hace tiempo se considera esta práctica como una leyenda urbana, parece ser que finalmente se ha convertido en realidad, ocupando espacios importantes en medios de comunicación.
Incluso para muchos expertos, esta práctica sexual podría convertirse en algo peligroso, ya que habrá numerosos adolescentes que las usen sin conocer el significado que otros jóvenes dan a esa pulsera y a ese color específico, lo que podría causar graves problemas en muchos centros escolares.
El significado de los colores
No existe una ¿guía oficial? que haga universal los colores y sus respectivos significados. Parece ser que depende de la zona e incluso del grupo de amigos. Buceando en Internet, comprobamos como algunos colores sí que parecen más estandarizados entre los jóvenes norteamericanos.
Tener una pulsera negra significaría que su portador está dispuesto a mantener una relación sexual completa, mientras que el color amarillo implicaría que sólo quieres recibir abrazos. Las ganas de recibir un beso apasionado estarían simbolizadas por el color naranja, mientras que llevar el color rojo implicaría realizar a tu pareja un juego sexual.
Pero no todo es tan ‘dulce’, hay colores mucho más sexuales. Por ejemplo, el color azul simboliza
el sexo oral; el purpura, el sexo anal; el blanco, el beso francés; y el verde, el cunnilingus.
Otros colores, los más significativos, son el rojo, que implicaría la ausencia del preservativo al realizar el acto sexual. O la pulsera que mezcla rojo y negro, con la que tu principal preferencia es realizar un 69. Incluso en algunos sitios web se reseña que el hecho de que la pulsera en cuestión brille en la oscuridad y tenga un color fluorescente, simbolizaría la predilección de practicar sexo con juguetes.
Pero esto es sólo una lista, ya que existen multitud de interpretaciones a los colores según se vislumbra en los distintos foros que existen en Internet sobre el ¿snap¿. Al parecer, la moda de las ¿pulseras sexuales? se ha difundido rápidamente por la Red de redes y pronto preparará su desembarco en Latinoamérica. De la mano, podrían traer la práctica del ¿snap?.
Las revelaciones que van a leer a continuación podría ser algo más que unas sencillas pulseras de colores, sino que indican los gustos y tendencias sexuales, algo que ha ido avanzando entre los adolescentes de Estados Unidos. ¡La última moda! Incluso el ‘The New York Times’ ha hecho referencia al asunto; y en algunos colegios se ha tratado de prohibir su uso: son las pulseras conocidas como ‘jelly bracelets’.
Estuvieron muy de moda en los 80, ya que Madonna tenía sus brazos llenos de ellos. Ahora, los adolescentes norteamericanos las han recuperado para hacer referencia a sus prácticas sexuales favoritas.
Pero no sólo se trata de lucir la pulsera y comunicar al resto del mundo tus gustos más íntimos. Se ha dado un paso más con la invención de un juego denominado ‘Snap’. Sus instrucciones son bien sencillas: iniciar un ¿pilla-pilla?, tratar de romper la pulsera de algún chico o chica y conseguir realizar lo que ese color represente.
Cada color representa una práctica sexual concreta y al parecer, los jugadores siempre están dispuestos a llevarla a cabo. También denominadas ‘sex bracelets’, han configurado entre numerosos jóvenes norteamericanos un lenguaje secreto para que sus actos y gustos sexuales permanezcan al margen de adultos entrometidos.
Aunque desde hace tiempo se considera esta práctica como una leyenda urbana, parece ser que finalmente se ha convertido en realidad, ocupando espacios importantes en medios de comunicación.
Incluso para muchos expertos, esta práctica sexual podría convertirse en algo peligroso, ya que habrá numerosos adolescentes que las usen sin conocer el significado que otros jóvenes dan a esa pulsera y a ese color específico, lo que podría causar graves problemas en muchos centros escolares.
El significado de los colores
No existe una ¿guía oficial? que haga universal los colores y sus respectivos significados. Parece ser que depende de la zona e incluso del grupo de amigos. Buceando en Internet, comprobamos como algunos colores sí que parecen más estandarizados entre los jóvenes norteamericanos.
Tener una pulsera negra significaría que su portador está dispuesto a mantener una relación sexual completa, mientras que el color amarillo implicaría que sólo quieres recibir abrazos. Las ganas de recibir un beso apasionado estarían simbolizadas por el color naranja, mientras que llevar el color rojo implicaría realizar a tu pareja un juego sexual.
Pero no todo es tan ‘dulce’, hay colores mucho más sexuales. Por ejemplo, el color azul simboliza
el sexo oral; el purpura, el sexo anal; el blanco, el beso francés; y el verde, el cunnilingus.
Otros colores, los más significativos, son el rojo, que implicaría la ausencia del preservativo al realizar el acto sexual. O la pulsera que mezcla rojo y negro, con la que tu principal preferencia es realizar un 69. Incluso en algunos sitios web se reseña que el hecho de que la pulsera en cuestión brille en la oscuridad y tenga un color fluorescente, simbolizaría la predilección de practicar sexo con juguetes.
Pero esto es sólo una lista, ya que existen multitud de interpretaciones a los colores según se vislumbra en los distintos foros que existen en Internet sobre el ¿snap¿. Al parecer, la moda de las ¿pulseras sexuales? se ha difundido rápidamente por la Red de redes y pronto preparará su desembarco en Latinoamérica. De la mano, podrían traer la práctica del ¿snap?.
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