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martes, 15 de junio de 2010

Sexo, drogas y satán: el aquelarre medieval

Un ritual de origen pagano donde el desenfreno era la tónica habitual

Cuando se habla de brujería antigua, nos estamos refiriendo a  un concepto que tiene que ver con mitos y leyendas cuyas bases las encontramos en los prejuicios, el miedo a lo desconocido (al cuerpo de la mujer, sobre todo) y en supersticiones de todo orden en el seno de la sociedad medieval. Sin embargo, en la era contemporánea son muchas las referencias directas que se hacen a aquellas mujeres misteriosas, apartadas de la sociedad, vistas con miedo y supuestamente amantes del demonio.

Dentro de la cultura popular algunos cánones se mantienen y otros se reinventan. Evidentemente, la bruja ya no siempre es pintada como aquella mujer solterona, vieja y fea que hace pócimas en una olla. Podemos encontrarnos perfectamente con tres bellas y sensuales brujas en la serie Encantadas o con adolescentes como Sabrina.

Sin embargo, y durante mucho tiempo, el culto al demonio ha estigmatizado a millones de mujeres, todas ellas quemadas en la hoguera en uno de los grandes genocidios de la historia. Y si hay un signo evidente de brujería, un ritual que amalgama toda la creencia popular, ese es el rito del aquelarre. Dentro del imaginario colectivo, el aquelarre se erige como la máxima expresión del rito dionisíaco, del desenfreno, de la orgía sexual.

Dentro de estos rituales de depravación se encadenan prácticas poco decorosas para la época como el culto al diablo, la danza sensual, el vino, la droga, la música y el lesbianismo. Algunos llegaron a afirmar que en un aquelarre se practicaba la antropofagia, ni más ni menos. Por otro lado, la depravación y la promiscuidad se expresan mediante la adoración a Satanás. En todo aquelarre que se precie, las brujas deben besar el ano se su todopoderoso jefe de las tinieblas. Como vemos, el macho cabrío fue el James Bond de la época.

Por otro lado, era común la utilización de sustancias alucinógenas con el fin de alcanzar el éxtasis profundo. Debido a los peligros de muerte por envenenamiento, se prefería emplear las hierbas alucinógenas a través de ungüentos que muchas veces se aplicaban vía vaginal o rectal, lo cual puede estar en el origen del mito de la decadencia sexual de este tipo de rituales. El fin de toda esta litúrgia pagana sería el tratar de abrir un portal con el infierno, a través del cual venerar al diablo y conseguir de éste poderes sobrenaturales.

Bello cuerpo de santiago

Cuando el sexo se convierte en ley

Afirmar que el sexo siempre crea controversias es andar sobre seguro. Sin embargo, y más allá de polémicas más o menos encendidas, en ocasiones el miedo hacia la sexualidad (propia o ajena) genera prohibiciones, censuras y negligencias de lo más absurdas. 

Uno de los paises más extrañamente puritanos es Estados Unidos, cuya fábrica de sueños Hollywoodiense confecciona de manera prolífica ídolos eróticos para todas las generaciones, mientras que sus leyes no parecen haber evolucionado demasiado.

En Educasexo hemos encontrado una página web donde puedes deleitarte leyendo divertidas y disparatadas restricciones que aún continuan vigentes en muchos de los 50 estados que conforman el país. Desde aquí te hacemos un compendio de aquellas que hacen referencia a la sexualidad. Cuando acabes, te sentirás aliviado de ser un europeo corriente y moliente… con sus perversiones y sus caprichos sexuales abalados por la Constitución.

En el estado de Arizona parecen tener miedo a los aparatejos eléctricos… por lo que guardar más de dos vibradores en casa está penado por la ley. Con vibrador o sin él, el sexo oral no está muy bien visto en Arkansas. Pese a que en el diccionario tengan significados un tanto distintos, sexo oral y sodomía significan lo mismo en la regulación de este estado. Por otro lado, se considera legal que un hombre pueda pegar una vez (y no dos) a su mujer. Eso sí, los trompazos están fuertemente controlados: no más de una vez al mes.

En Iowa está prohibido que un hombre con bigote pueda besar a una mujer en público. Las razones, las desconocemos completamente. Por otro lado, e independientemente de que se lleve o no bigote, los besos no pueden durar más de cinco minutos. Sin embargo, en Iowa las parejas viven más felices que en Florida, donde al marido se le prohibe besar los pechos de su mujer. En Minnesota, nada de quedarse dormido después de una noche de tórridas relaciones. Una vez en el clímax, no hay que olvidarse del pijama… pues es ilegal dormir desnudo.

Detalle que dañan una foto

La citología vaginal: una obligada cita anual

Sirve para prevenir enfermedades tan importantes como el cáncer de útero

Todas las mujeres deberían acudir una vez al año a la consulta del ginecólogo  para realizarse lo que se llama citología vaginal. Pese a lo extraño del vocablo, una citología es un examen rutinario pero muy necesario, que sirve para diagnosticar determinadas enfermedades relacionadas con los órganos genitales  femeninos.

Pese a los reparos de muchas, la citología es un proceso rápido y sencillo, que no tiene porqué molestar. La clave está en acudir a consulta relajada y tranquila. Piensa que ginecólogo ha realizado miles de citologías durante toda su carrera, ya sabe lo que tiene que hacer.

La citología responde al análisis microscópico de un raspado del cuello uterino. Esto quiere decir que se te tomarán muestras tanto de las células del exterior como del interior de la abertura del cuello uterino. Lo que parece así de complicado consiste simplemente en tumbarse en el camastro con las piernas abiertas. El médico introducirá un instrumento llamado espéculo, con el que abrir un poco la vagina para poder ver el interior de la cavidad vaginal. Una vez hecho esto, se procede al raspado. Esto es, se toman muestras con una espátula de madera y se coloca en un soporte adecuado para su posterior análisis microscópico.

El proceso no suele durar más de cinco minutos y te garantizamos que el raspado ni siquiera se aprecia. Algunas mujeres afirman sentir determinadas molestias, parecidas a una sensación de presión. Sin embargo, piensa que es algo momentáneo. Por otro lado, la citología es un examen seguro para diagnosticar enfermedades tan importantes como el cancer de útero. La citología forma parte de una visita ginecológica rutinaria y es un examen que todas las mujeres deben pasar.

Si has concertado una cita con tu ginecólogo evita ponerte tampones, mantener relaciones sexuales o practicar un lavado vaginal justo antes de acudir a consulta. Por otro lado, es importante que tu médico conozca algunas informaciones adicionales.

Por lo tanto, si estás tomando anticonceptivos o algún otro medicamento, si piensas que puedes estar embarazada o anteriormente te han diagnosticado una citología anormal, es necesario que se lo comuniques. Finalmente, evita concertar citas durante tu periodo, puesto que el resultado de la citología puede verse alterado o ser inexacto.

De nuevo, volvemos a reiterar la importancia de este tipo de estudios. Una vez te atrevas con el primero, los siguientes no tendrán importancia. Piensa que solo es un día al año, pero que te puede ayudar (y mucho) en el caso en que manifiestes algunos síntomas de enfermedad.

Sin comentarios

Cuándo acudir a un sexólogo

Problemas como la falta de deseo, la impotencia, la frigidez... son muy comunes en toda consulta.Existen determinados problemas psicológicos que, somatizados, pueden incidir preocupantemente en nuestra vida sexual. 

Por otro lado, es posible que para solucionar un problema aparentemente físico relacionado con la sexualidad (la impotencia podría ser uno de ellos) se recurra al apoyo psicológico como la mejor baza para que el paciente pueda recuperarse totalmente. Antiguos traumas, estrés, tabús sexuales, enfermedades, problemas emocionales… todos son factores que influyen para que una persona empiece a sentir que su vida sexual está lejos de lo que él o ella desearía.

Cuando no se tiene una vida sexual plena y sana, ello puede desembocar en situaciones de estrés o sufrimiento emocional. Si se termina recurriendo al sexólogo, lo que se intenta es paliar ese sufrimiento que tiene su raíz aparente en la sexualidad. En definitiva, es un paso decisivo para buscar asesoramiento y un signo inequívoco de que queremos que nuestro problema sea resuelto.

Las dificultades a las que se puede encontrar un sexólogo son de distinta índole. Hay mucha gente que rechaza categóricamente el hablar de sexo con un desconocido, por pudor, vergüenza o decoro. Como se dice siempre, los platos sucios se lavan en casa.

Sin embargo, esta visión resulta, a día de hoy, demasiado reaccionaria. El ámbito de la psicología ha avanzado mucho en su aceptación social, ya nadie piensa que acudir al psicólogo o psiquiatra es sinónimo de estar loco de atar. Todos podemos tener problemas para superar determinados asuntos. Y muchos de ellos atañen al sexólogo.

Una buena ayuda puede liberarnos de años de angustioso silencio, orientarnos en un momento de duda, ayudarnos para encontrar solución a aquello que nos atormentaba, encontrar una segunda opinión que nos haga relativizar… pero sobre todo se trata de un diagnóstico profesional. Es más, cuando estemos en la consulta del sexólogo, no hay nada que no podamos decir, ni nada que esté prohibido preguntar.

Muchas de las preguntas que se le realizan a un sexólogo tienen que ver con problemas tan comunes y que preocupan tanto como la frigidez femenina o la impotencia masculina. Dos de los asuntos que más cola traen en las consultas. La falta de deseo por parte de alguno de los miembros de la pareja es otro problema muy común. De esta manera, el sexólogo tratará de manera conjunta a dos pacientes para tratar de solucionar aquello que incide negativamente en su vida sexual.

Muchas veces los pacientes se preguntan si la falta de deseo, de lubricación, de orgasmo, etc. se deben a factores orgánicos o, en cambio, a incidencias psicológicas. Es en estos casos cuando la labor de un sexólogo es altamente recomendable.