1. ¿El deseo sexual es más cosa de hombres?
La testosterona es la hormona de la líbido o deseo sexual en ambos sexos. Si se tienen condiciones favorables puede estar presente hasta la vejez. Socialmente, el deseo masculino es más publicitado que el de la mujer, por eso se percibe como algo más normal y más permanente.
2. ¿Cómo desarrollar la seducción?
La seducción debe involucrar la picardía y el buen humor y abandonar el temor al ridículo. Conlleva una apertura, una suma de guiños y mensajes románticos. Usa los cinco sentidos. Es un encanto a la libertad, una coquetería validada por la intimidad. Todos quieren la coquetería de la pareja en el momento justo.
3. ¿Qué quieren los hombres en la cama?
Sentirse seguros y satisfechos. A los hombres con relaciones estables les gusta que la mujer exprese sus sentimientos de manera táctil o verbal, sin cantaleta, que se ubique en el presente, sin recurrir al pasado. Verlas apasionadas y complacidas en una relación sexual es una experiencia que los gratifica.
4. ¿Qué quieren las mujeres en la cama?
Para muchas el amor es esencial para el sexo y creer que las aman facilita el placer. Les encantan las caricias y los juegos preliminares a la penetración. Disfrutan los besos y ser tocadas por todas partes. Saber que aceptan su cuerpo y no las evalúan. El estar abrazadas con su pareja.
5. ¿Debe preocupar el tamaño del pene?
En asuntos de tamaño, los gustos y apreciaciones son subjetivos. Pero no es raro encontrar personas que le dan un valor preponderante. Una pareja de buenos amantes hace el amor con todo su cuerpo, con las manos, las palabras, la creatividad, la ternura, el humor, y no sólo con el tamaño de sus genitales.
6. ¿Los enemigos de una buena sexualidad?
En las parejas hay circunstancias, grandes y pequeñas, que las afectan: criticar y juzgar, peleas frecuentes, falta de un espacio de intimidad, monotonía y rutina, ambiente antierótico, falta de higiene; recuerdos de infidelidad y falta de tiempo, entre otros.
7. ¿Internet puede ser el sustituto de una pareja?
La tecnología nos acerca a los más lejanos y nos distancia de los más cercanos. Es dramática la escena de una pareja en la cama, cada quien con su computador y sin siquiera mirar al compañero. Participar en chats sexuales o buscar pareja por Internet puede ser algo válido desde el punto de vista de la curiosidad esporádica, pero no como remplazo de la pareja.
8. ¿Dietas o cirujanos ayudan a la sexualidad?
Hay muchas presiones sociales y publicitarias que imponen modelos de cuerpos y caras perfectos. En estas exigencias caen hombres y mujeres que sobrevaloran la estética y olvidan otros valores. Lo esencial es invisible para los ojos y una sonrisa es el modo más bello y económico de mejorar.
9. ¿Es recomendable convivir antes de casarse?
Si la decisión es consensual y motivada por el amor y el deseo de compartir más tiempo y experiencias juntos, es válida; si lo hacen por escapar de sus familias o por compartir gastos, no. Hay que recordar que una excelente convivencia previa al matrimonio no es garantía del éxito futuro.
10. ¿Tomarse un tiempo es solución para una crisis?
Es común escuchar a hombres y mujeres, que están en una relación de largo tiempo, decir que necesitan ese tiempo. Puede ser un espacio para reflexionar porque están confundidos. Algunas veces, ese espacio es ocupado por una relación paralela. Hay que tener cuidado con esa petición.
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ESTE BLOG NO ES APTO PARA MENTES CERRADAS. NO ES APTO PARA CONSERVADORES.... ESTE ES UN BLOG QUE SURGE PARA MOSTRAR Y DAR A ENTENDER LA VIDA EN SUS MULTIPLES FACETAS….
lunes, 28 de junio de 2010
Anorgasmia, disfunción femenina
Casi la mitad de las mujeres han atravesado períodos en los que cuáles no pueden alcanzar el orgasmo, ni con el coito ni con otro tipo de estimulación. Cuando nunca pueden llegar al climax sexual, existe un problema serio que merece ser tratado. Se comprobó que en un 90 por ciento de los casos, la razón es psicológica.
Una de las principales disfunciones sexuales femeninas es la anorgasmia, que implica una falta de orgasmo al momento de practicar sexo, independientemente de la clase de estimulación, es decir, haya coito o no lo haya. Existen dos variantes, una más seria que la otra. La primera de ellas es la transitorio, cuando la imposibilidad de llegar al climax es solo transitoria.
Casi la mitad de las mujeres pueden pasar por épocas de problemas para llegar al orgasmo En este sentido, se ha podido comprobar que entre un 30 y un 50 por ciento de las mujeres, pueden llegar a atravesar períodos de tiempo, en su vida sexual, en los que no consiguen alcanzar el orgasmo. Es allí cuando se menciona un inconveniente secundario, con un mejor pronóstico de solución, previa consulta con un sexólogo o un especialista en el tema.
Por otro lado, cuando la mujer no ha logrado tener un orgasmo a lo largo de su vida, una vez que comienza con las relaciones sexuales, se hace referencia a una disfunción orgásmica primvaria. En este grupo puede llegar a encontrarse entre un 10 y un 15 por ciento de las féminas. El factor psicológico suele estar detrás del 90 por ciento de los casos de anorgasmia, con la ansiedad por el resultado demasiado presente en la psiquis femenina.
Una de las principales disfunciones sexuales femeninas es la anorgasmia, que implica una falta de orgasmo al momento de practicar sexo, independientemente de la clase de estimulación, es decir, haya coito o no lo haya. Existen dos variantes, una más seria que la otra. La primera de ellas es la transitorio, cuando la imposibilidad de llegar al climax es solo transitoria.
Casi la mitad de las mujeres pueden pasar por épocas de problemas para llegar al orgasmo En este sentido, se ha podido comprobar que entre un 30 y un 50 por ciento de las mujeres, pueden llegar a atravesar períodos de tiempo, en su vida sexual, en los que no consiguen alcanzar el orgasmo. Es allí cuando se menciona un inconveniente secundario, con un mejor pronóstico de solución, previa consulta con un sexólogo o un especialista en el tema.
Por otro lado, cuando la mujer no ha logrado tener un orgasmo a lo largo de su vida, una vez que comienza con las relaciones sexuales, se hace referencia a una disfunción orgásmica primvaria. En este grupo puede llegar a encontrarse entre un 10 y un 15 por ciento de las féminas. El factor psicológico suele estar detrás del 90 por ciento de los casos de anorgasmia, con la ansiedad por el resultado demasiado presente en la psiquis femenina.
Quiero dejar de ser Gay.
Hugo tiene 19 años y no quiere ser gay. Por muchas razones, razones que le duelen en el alma y que han hecho de su corta existencia una vida de mierda, como escribe en un correo electrónico bastante extenso para ser publicado en esta columna.
Hugo no se acepta y me pregunta cómo se hace para dejar de ser homosexual.
Su madre le ha dicho que está orando por su salvación. Su padre lo golpea. Sus amigos, que nunca fueron sus amigos, se han apartado de su lado. En la universidad, donde estudia Derecho, se siente otra persona porque nadie lo ha juzgado (todavía), pero en la calle lo miran y a veces lo insultan, quizás porque no puede ser rudo o porque tiene pareja y a, veces, no se da cuenta del mundo y es algo cariñoso. Hugo cree que es una enfermedad. Así se lo han hecho creer y, por eso, busca cura, una salida.
Cuando uno cree que historias como la de Hugo pueden ser exageradas y únicas, otras voces similares a la de él se alzan y te recuerdan que, todavía, una opción sexual diferente a la de la supuesta mayoría es motivo de discriminación y de prácticas nefastas, como la que este fin de semana retrató El País en un reportaje titulado ‘Oraciones para dejar de ser gay’.
El catalán Dogmatil Angel Llorent se sometió, durante una década, a un tratamiento basado en diez padrenuestros, diez avemarías, 75 miligramos de Ludiomil diarios y otros 20 de Dogmatil. Cada vez que veía a un chico guapo en la calle, rezaba. Logró ser un ex gay, pero casi se suicida. Hoy es un ex ex gay. Como él, otros siguieron tratamientos similares o peores. Está el drama de un chico que tenía que golpearse físicamente para no sentir interés, deseo o afinidad hacia otro hombre. O el de otro que debía masturbarse pensando en mujeres o ver pornografía.
El País conversó con Malena Mattos, a quien hace un tiempo entrevisté para esta página. Es una peruana que se declara ex lesbiana y que defiende y promueve las llamadas ‘terapias reparativas’. El Perú es uno de los países donde se ofrecen este tipo de ‘curas’, al igual que en España, Estados Unidos, Canadá y muchos otros.
La Organización Mundial de la Salud excluyó la homosexualidad como enfermedad en 1990. El año pasado, la Asociación Americana de Psicología condenó terapias como la descrita por El País, en las que, además, se cobra hasta 80 euros por sesión y que, evidentemente, son ineficaces y tortuosas.
De acuerdo con la agencia EFE, el Departamento de Salud de la Generalitat en España ha abierto un expediente informativo a la Policlínica Tibidabo para esclarecer si en ella se trata la homosexualidad como una enfermedad, con fármacos y psicoterapia. Un portavoz estatal –citado por EFE– señala que se quiere conocer el alcance de estas prácticas psiquiátricas, “al entender que van en contra del plan de salud mental de la Generalitat, que no considera la homosexualidad como una enfermedad”.
Pocas veces se denuncian este tipo de prácticas. No se sabe qué pasa en el Perú al respecto, pero he conocido a varias personas que acuden al psiquiatra para abordar su homosexualidad y terminan tomando pastillas que les reducen a nada el deseo sexual, alejándolas del ‘mal’, seguro que temporalmente.
Se me ocurre que Hugo se sometería a cualquiera de estas terapias en busca de paz. Si no lo ha hecho hasta hoy es porque no se ha topado con esos ‘predicadores’ que a veces te sorprenden en la puerta de discotecas, postas médicas o centros de estudio.
Lamentablemente, no hay información suficiente para la gente que es homosexual y no se acepta, o que es víctima de una serie de maltratos físicos y psicológicos. Hugo recuerda, por ejemplo, que en el colegio hasta sus profesores se burlaban de él. Y, en su vida sexual –porque esta columna es de sexo–, Hugo se declara feliz, pero lleno de culpa después del sexo. Siente que le está faltando el respeto a alguien, que será juzgado y que no debería ceder al deseo.
Hugo no se acepta y me pregunta cómo se hace para dejar de ser homosexual.
Su madre le ha dicho que está orando por su salvación. Su padre lo golpea. Sus amigos, que nunca fueron sus amigos, se han apartado de su lado. En la universidad, donde estudia Derecho, se siente otra persona porque nadie lo ha juzgado (todavía), pero en la calle lo miran y a veces lo insultan, quizás porque no puede ser rudo o porque tiene pareja y a, veces, no se da cuenta del mundo y es algo cariñoso. Hugo cree que es una enfermedad. Así se lo han hecho creer y, por eso, busca cura, una salida.
Cuando uno cree que historias como la de Hugo pueden ser exageradas y únicas, otras voces similares a la de él se alzan y te recuerdan que, todavía, una opción sexual diferente a la de la supuesta mayoría es motivo de discriminación y de prácticas nefastas, como la que este fin de semana retrató El País en un reportaje titulado ‘Oraciones para dejar de ser gay’.
El catalán Dogmatil Angel Llorent se sometió, durante una década, a un tratamiento basado en diez padrenuestros, diez avemarías, 75 miligramos de Ludiomil diarios y otros 20 de Dogmatil. Cada vez que veía a un chico guapo en la calle, rezaba. Logró ser un ex gay, pero casi se suicida. Hoy es un ex ex gay. Como él, otros siguieron tratamientos similares o peores. Está el drama de un chico que tenía que golpearse físicamente para no sentir interés, deseo o afinidad hacia otro hombre. O el de otro que debía masturbarse pensando en mujeres o ver pornografía.
El País conversó con Malena Mattos, a quien hace un tiempo entrevisté para esta página. Es una peruana que se declara ex lesbiana y que defiende y promueve las llamadas ‘terapias reparativas’. El Perú es uno de los países donde se ofrecen este tipo de ‘curas’, al igual que en España, Estados Unidos, Canadá y muchos otros.
La Organización Mundial de la Salud excluyó la homosexualidad como enfermedad en 1990. El año pasado, la Asociación Americana de Psicología condenó terapias como la descrita por El País, en las que, además, se cobra hasta 80 euros por sesión y que, evidentemente, son ineficaces y tortuosas.
De acuerdo con la agencia EFE, el Departamento de Salud de la Generalitat en España ha abierto un expediente informativo a la Policlínica Tibidabo para esclarecer si en ella se trata la homosexualidad como una enfermedad, con fármacos y psicoterapia. Un portavoz estatal –citado por EFE– señala que se quiere conocer el alcance de estas prácticas psiquiátricas, “al entender que van en contra del plan de salud mental de la Generalitat, que no considera la homosexualidad como una enfermedad”.
Pocas veces se denuncian este tipo de prácticas. No se sabe qué pasa en el Perú al respecto, pero he conocido a varias personas que acuden al psiquiatra para abordar su homosexualidad y terminan tomando pastillas que les reducen a nada el deseo sexual, alejándolas del ‘mal’, seguro que temporalmente.
Se me ocurre que Hugo se sometería a cualquiera de estas terapias en busca de paz. Si no lo ha hecho hasta hoy es porque no se ha topado con esos ‘predicadores’ que a veces te sorprenden en la puerta de discotecas, postas médicas o centros de estudio.
Lamentablemente, no hay información suficiente para la gente que es homosexual y no se acepta, o que es víctima de una serie de maltratos físicos y psicológicos. Hugo recuerda, por ejemplo, que en el colegio hasta sus profesores se burlaban de él. Y, en su vida sexual –porque esta columna es de sexo–, Hugo se declara feliz, pero lleno de culpa después del sexo. Siente que le está faltando el respeto a alguien, que será juzgado y que no debería ceder al deseo.
Jugando en la cama: juegos sexuales divertidos.
Mantener relaciones sexuales es algo más que una obligación entre las parejas (el célebre débito conyugal). Es algo divertido, placentero, que permite estrechar las relaciones de sus miembros. Por eso, la cama debería ser un lugar donde las parejas se lo pasen bien, además de dormir.
La inmensa mayoría de las parejas terminan manteniendo relaciones sexuales de la misma manera: un poquito de caricias preliminares, algún beso, quizás, y coito en la posición del misionero. Veinte minutos en total, prolongando mucho las cosas. Al principio de la relación suele haber una variedad de actividades sexuales mayor, pero con el tiempo se instala la rutina y todo se reduce a la secuencia mencionada.
Y no es por falta de voluntad. Es que en toda relación hay épocas donde se acumula el trabajo y los estudios, donde la crianza de los niños y el mantenimiento de la casa ocupa mucho tiempo. Por mucho interés que se ponga, el cansancio hace de las suyas y obstaculiza las relaciones sexuales.
Conviene preparar el escenario. Un dormitorio apacible, sin ruidos ni interrupciones, permitirá jugar con tranquilidad. Para ello, habrá que hacer algo con los niños: que se los queden esa noche los padres, o algunos buenos amigos. En caso contrario, habrá que buscar ese escenario tranquilo en un hotel.
Besarse por todas partes es el más sencillo de los juegos sexuales. Eso requiere, también, desnudar al otro con lentitud para descubrir poco a poco todo su cuerpo. Claro que se puede aprovechar el momento para desnudarse cada cual por su cuenta, despacio, ofreciéndole al otro un espectáculo sensual. La música y la luz tenue serán buenas aliadas.
La piel es un órgano extraordinariamente sensible. Hay que acariciar por todas partes. Lo ideal es que esas caricias no toquen la principio las zonas erógenas. Después, sí, siempre que no sean los genitales. Estos podrán rozarse con mayor o menor intensidad, más tarde, y sólo de vez en cuando. En estos momentos, la erección y la lubricación serán máximos.
No se olvide que la masturbación del otro es una escena que excita al máximo tanto a hombres como mujeres. se les puede ofrecer ese espectáculo; pero sin tener como objetivo alcanzar el propio orgasmo (o sí; lo que se desee), para poder continuar con más juegos.
A algunas personas les gustan que les hablen. Si la pareja es de estas, habrá que hablarle. Y si le gustan las obscenidades, añadirlas al discurso.
El sexo oral puede incluirse en el juego. O bien para llevar al otro al éxtasis, o como un modo de aumentar la excitación. Aquí también pueden entrar en juego los juguetes sexuales. Y si no se tienen, pueden utilizarse cepillos de dientes eléctricos sin la pieza de limpieza, para estimular los genitales del toro (o los propios, en su presencia).En ocasiones, resulta fascinante observarse en plena acción. Si es posible, podrían introducirse en la habitación algunos espejos que permitan a la pareja verse desnudos, reaccionando a las caricias del otro e, incluso, llegando al orgasmo.
Pueden introducirse juegos de control/sumisisión, tapándole los ojos al otro, atándole a la cama con suavidad. Pero no todas las personas gustan de estos juegos por suaves que sean.
Llegar al orgasmo es algo que podrá hacerse de diferentes maneras a las habituales. Se puede evitar el coito y practicar al otro sexo oral, o masturbarle, o masturbarse delante del otro.
Otras veces, las parejas pueden colocarse en habitaciones diferentes y practicar el sexo telefónico. La tecnología actual lo permite. Acariciar al otro con la voz, decirle cosas agradables, excitantes. Masturbarse mientras se le cuenta al otro lo que se está sintiendo. Sería otra variación.
Se puede sofisticar más el juego introduciendo disfraces y juegos a “como si” se fuera un médico y su paciente, un enfermo y la enfermera, un policía y el infractor, un bombero salvador y la víctima, etc.
Poder introducir estas variedades en el juego sexual es cuestión de dos cosas: disponer de tiempo y dejar correr la imaginación.
Jugando en la cama: juegos sexuales divertidos.
Mantener relaciones sexuales es algo más que una obligación entre las parejas (el célebre débito conyugal). Es algo divertido, placentero, que permite estrechar las relaciones de sus miembros. Por eso, la cama debería ser un lugar donde las parejas se lo pasen bien, además de dormir.
La inmensa mayoría de las parejas terminan manteniendo relaciones sexuales de la misma manera: un poquito de caricias preliminares, algún beso, quizás, y coito en la posición del misionero. Veinte minutos en total, prolongando mucho las cosas. Al principio de la relación suele haber una variedad de actividades sexuales mayor, pero con el tiempo se instala la rutina y todo se reduce a la secuencia mencionada.
Y no es por falta de voluntad. Es que en toda relación hay épocas donde se acumula el trabajo y los estudios, donde la crianza de los niños y el mantenimiento de la casa ocupa mucho tiempo. Por mucho interés que se ponga, el cansancio hace de las suyas y obstaculiza las relaciones sexuales.
Conviene preparar el escenario. Un dormitorio apacible, sin ruidos ni interrupciones, permitirá jugar con tranquilidad. Para ello, habrá que hacer algo con los niños: que se los queden esa noche los padres, o algunos buenos amigos. En caso contrario, habrá que buscar ese escenario tranquilo en un hotel.
Besarse por todas partes es el más sencillo de los juegos sexuales. Eso requiere, también, desnudar al otro con lentitud para descubrir poco a poco todo su cuerpo. Claro que se puede aprovechar el momento para desnudarse cada cual por su cuenta, despacio, ofreciéndole al otro un espectáculo sensual. La música y la luz tenue serán buenas aliadas.
La piel es un órgano extraordinariamente sensible. Hay que acariciar por todas partes. Lo ideal es que esas caricias no toquen la principio las zonas erógenas. Después, sí, siempre que no sean los genitales. Estos podrán rozarse con mayor o menor intensidad, más tarde, y sólo de vez en cuando. En estos momentos, la erección y la lubricación serán máximos.
No se olvide que la masturbación del otro es una escena que excita al máximo tanto a hombres como mujeres. se les puede ofrecer ese espectáculo; pero sin tener como objetivo alcanzar el propio orgasmo (o sí; lo que se desee), para poder continuar con más juegos.
A algunas personas les gustan que les hablen. Si la pareja es de estas, habrá que hablarle. Y si le gustan las obscenidades, añadirlas al discurso.
El sexo oral puede incluirse en el juego. O bien para llevar al otro al éxtasis, o como un modo de aumentar la excitación. Aquí también pueden entrar en juego los juguetes sexuales. Y si no se tienen, pueden utilizarse cepillos de dientes eléctricos sin la pieza de limpieza, para estimular los genitales del toro (o los propios, en su presencia).En ocasiones, resulta fascinante observarse en plena acción. Si es posible, podrían introducirse en la habitación algunos espejos que permitan a la pareja verse desnudos, reaccionando a las caricias del otro e, incluso, llegando al orgasmo.
Pueden introducirse juegos de control/sumisisión, tapándole los ojos al otro, atándole a la cama con suavidad. Pero no todas las personas gustan de estos juegos por suaves que sean.
Llegar al orgasmo es algo que podrá hacerse de diferentes maneras a las habituales. Se puede evitar el coito y practicar al otro sexo oral, o masturbarle, o masturbarse delante del otro.
Otras veces, las parejas pueden colocarse en habitaciones diferentes y practicar el sexo telefónico. La tecnología actual lo permite. Acariciar al otro con la voz, decirle cosas agradables, excitantes. Masturbarse mientras se le cuenta al otro lo que se está sintiendo. Sería otra variación.
Se puede sofisticar más el juego introduciendo disfraces y juegos a “como si” se fuera un médico y su paciente, un enfermo y la enfermera, un policía y el infractor, un bombero salvador y la víctima, etc.
Poder introducir estas variedades en el juego sexual es cuestión de dos cosas: disponer de tiempo y dejar correr la imaginación.
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