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jueves, 1 de julio de 2010

Dale sabor al sexo

Nunca lo he probado y la verdad no se me antoja, pero en algunas charlas en confianza con algunas amigas me han contado del sabor del semen y de cómo éste puede cambiar según lo que haya comido el chico en cuestión.

Algunas de mis fuentes consultadas para este post concluyen que el sabor de cada hombre es distinto y más con lo que comen, por lo que deben atreverse a probar. La comida muy condimentada no genera, según una amiga, un sabor muy agradable. Y otra comentó que la comida mediterránea, a base de ensaladas, nueces y frutas causa un sabor más agradable.

Al parecer lo que puede mejorar el sabor del semen es la fruta, y la piña es la que tiene el primer lugar. La acidez y lo dulce de la piña producirá un mejor sabor. Cosa contraria ocurre con el café, que dicen las que saben, amarga el sabor del semen.

Este comentario se refuerza con un estudio de la Universidad de Lyon, Francia, quienes realizaron pruebas, no mencionan cómo, con varias voluntarias en el que se concluyó que las frutas mejoraban el sabor y las mujeres disfrutaban más del sexo oral.

Quizá el dicho popular de "piña para la niña" sea en realidad un mensaje subliminal, y al final ellas podrán verse beneficiadas.

El mejor sexo sólo dura diez minutos

Podría ser la pregunta del millón. O más bien, la respuesta en la que se medirán millones para saber si van lento, rápido o a velocidad crucero. ¿Cuánto dura una relación sexual perfecta?



Un grupo de investigadores de la Society for Sex Therapy and Research de Estados Unidos se animó a medirlo. Los resultados fueron publicados por el Journal of Sexual Medicine: diez minutos es la duración ideal. Si dura más, se vuelve aburrida y, si es más breve, puede resultar poco satisfactoria.

Para llegar a tal conclusión los investigadores Eric Corty y Jenay Guardiani, del Colegio Behrend, de Erie, en Pensilvania, entrevistaron a 50 expertos terapeutas sexuales de la Sociedad para la Investigación y Terapia Sexual de Estados Unidos y Canadá, y cuantificaron las opiniones que éstos dieron, en relación con lo escuchado de boca de sus pacientes.
Cabe aclarar que al hablar de relación sexual se refirieron a la "latencia eyaculatoria intravaginal", es decir, el tiempo transcurrido entre el comienzo del coito y la eyaculación.

Los expertos calificaron el tiempo para la latencia en "adecuado", "deseable", "demasiado corto" y "demasiado largo".

De acuerdo con las respuestas de los especialistas, si el coito dura entre uno y dos minutos es considerado "demasiado corto". El que se prolonga por entre tres y siete minutos es "adecuado"; el que se sostiene entre siete y trece minutos es el "deseable" y, si la penetración dura entre diez y treinta minutos, es considerada "demasiado larga".
El estudio concluyó, entonces, que el período eyaculatorio normal ocurría entre los tres y los trece minutos, pero que lo deseable era una duración de diez minutos. Dentro de tales parámetros, no se necesitaría ningún tipo de terapia sexual.

"La cultura popular ha reforzado estereotipos sobre la actividad sexual. Muchos hombres y mujeres parecen creer en la fantasía de que el acto sexual debe prolongarse toda la noche. Esta situación provoca insatisfacción y desilusión. Esperemos que este estudio sirva para disipar las fantasías y les aporte a hombres y mujeres datos realistas", afirmó Corty, uno de los investigadores.

El estudio indagó acerca de la cultura sexual norteamericana. Pero ¿los argentinos responden al promedio? "Hace algunos años realizamos una encuesta similar para un programa de radio. La conclusión fue que el coito de los argentinos dura cinco minutos", postuló el especialista León Gindín, profesor de Sexología y Salud de la Universidad Abierta Interamericana. "De todos modos, es algo cultural y dudo que pueda estandarizarse. ¿La relación sexual es sólo la penetración y la eyaculación? No lo creo. Eso deja afuera los juegos previos, que son también parte esencial de la relación sexual", dijo.

El sexólogo Juan Carlos Kustnesoff descree de la utilidad de estos estudios: "No se puede estandarizar con parámetros fijos cuando durante una relación sexual lo más importante es la satisfacción subjetiva de la pareja. No existen estadísticas capaces de esto. Lo único que produce es que a partir de los resultados haya miles de hombres con un cronómetro, intentando entrar en el promedio".

Amores que nunca terminan

Reclamos para un sexo brutal

Una cresta bien visible sobre la cabeza. Nada hay más eficaz para impresionar al sexo opuesto... Al menos hace millones de años. Un equipo internacional de científicos sugiere que distintas criaturas prehistóricas desarrollaron características físicas muy llamativas con el fin de atraer a posibles parejas sexuales. 

Se trata de exageradas crestas y protuberancias que han sido descubiertas en los fósiles de algunas especies, como los pterosaurios -unos «lagartos alados» que existieron durante la Era Mesozoica (228 a 65 millones de años)- o el dimetrodon -un depredador sinápsido (reptiles similares a mamíferos) de hace unos 280 millones de años, muy popular por aparecer en algunas películas-, explican los investigadores en la BBC.

Hasta ahora, la función de estas crestas halladas en los fósiles ha sido motivo de debate. ¿Una especie de timón para dirigir el vuelo en las aves primitivas? ¿Un sistema para regular la temperatura corporal? Según los científicos, algo mucho más interesante: el primer adorno sexual, un rasgo físico marcadamente grande y destacado para conseguir llamar a la atención y aparearse. Ni siquiera los pavos reales modernos, cuyas espectaculares y exóticas plumas son consideradas el más elaborado «vestido» erótico del reino animal, llegan a ser tan presumidos. Algunos de estos arcaicos seres incluso competían con sus crestas de manera similar a como lo hacen los animales con cuernos o con astas.

El pterosaurio es uno de estos «donjuanes» prehistóricos con tupé. Los investigadores, cuyo estudio aparece publicado en la revista American Naturalist, y que pertenecen a las universidades de Portsmouth (Gran Bretaña) y Western Australia, señalan que estos reptiles voladores lucían una cresta de un tamaño considerable, demasiado destacada para hacer sencillamente de «aire acondicionado» para el organismo o como control de vuelo.

Estos vertebrados, los primeros en conquistar el aire, se esforzaban por atraer a su pareja aún más que los pavos reales, ya que la cresta era permanente y tenían que soportarla todo el tiempo. Es fácil estudiar sus fósiles, ya que se han recuperado centenares de ejemplares en distintos continentes.

Otras criaturas observadas son los Dimetrodon y Edaphosaurios, que mostraban una especie de «vela» en su lomo. Según los científicos, se encuentran entre los ejemplos conocidos de rasgos sexuales secundarios exagerados en la historia de la evolución de los vertebrados.