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lunes, 12 de julio de 2010

Como me gusta el Coco de Agua

Ejercicios sexuales para hombres

Cuando el hombre adopta la posición pasiva en la relación sexual puede observar que le resulta más difícil controlar la eyaculación, pero hay unos ejercicios que pueden ayudar a que el hombre prolongue su placer y el de su compañera, por ejemplo: 

- Cuando siente que va a alcanzar el orgasmo puede retirar su pene y quedarse inmóvil de 10 a 30 segundos y luego continuar la relación sexual. A este método se le conoce como método de cierre. - Otra técnica china antigua llamada técnica del apretón consiste en presionar durante unos segundos un punto situado entre el escroto y el ano y respirar larga y profundamente justo antes de llegar al orgasmo. - La técnica más conocida es la de Masters y Johnson, que consiste en retirar el pene antes de llegar al orgasmo y aplicar presión con los dedos bajo la nudosidad del pene durante unos segundos.

Empleando estas técnicas el hombre puede lograr un mayor control de su eyaculación y de esta forma poder experimentar sexualmente con su compañera.

El chivo que usa el transporte colectivo

Ejercicios sexuales para mujeres

Cuando una mujer no está acostumbrada a asumir el papel activo en la relación sexual, puede darse cuenta de que sus músculos vaginales no son lo suficientemente fuertes como para sostener el pene de su compañero,
más aún si ha tenido hijos y no ha realizado los ejercicios post-parto, pero afortunadamente hay muchos ejercicios adecuados para fortalecer los músculos vaginales y sorprender de esta forma a su compañero, por ejemplo:

- Al orinar lanzar el chorro con fuerza y en golpes entrecortados - Sentarse en el borde de una silla frente a un espejo, insertar en su vagina un dilatador o un vibrador de pasta pequeño, luego, usando solamente sus músculos vaginales tratar de sostenerlo y luego de expulsarlo. Con el tiempo será capaz no solo de expulsar el objeto, sino también de succionarlo utilizando solo sus músculos vaginales. - Sentarse en el suelo frente a un espejo con las piernas abiertas y tratar de mover independientemente el clítoris, la vagina y el ano.

Si una mujer realiza estos ejercicios diariamente podrá fortalecer sus músculos vaginales de tal manera que será capaz de succionar y sujetar el pene incrementando enormemente el placer.

¿Te atreves con un piercing en el clítoris?

¿Sabías que la boca es el segundo órgano más utilizado en las relaciones sexuales? Y es que la lengua puede dar mucho juego si nos lo proponemos, provocando sensaciones de lo más extremas si aprendemos a usarla de la manera más adecuada y placentera. 

En este sentido, algunos recurren al piercing como un potenciador de placer. Para muchos, el pendiente genital aporta sensaciones totalmente nuevas y ofrece un plus de extravagancia en nuestras relaciones sexuales. El piercing puede colocarse en multitud de sitios, pero hoy nos referiremos a uno de los más arriesgados: el clítoris. Muchas mujeres afirman sentir más y mejor perforándose esta parte tan delicada de la anatomía femenina. Pero ¿qué conlleva dicha perforación?

Existen varias formas de ornamentar los genitales femeninos y una de ellas es perforar los labios mayores o los menores. En estos casos, se suele colocar aros por pares, uno en cada lado. Entre las virguerías más relacamadas encontramos los piercings que se colocan en el labio inferior, donde las curas suelen ser mucho más fáciles. En cuanto al clítoris, puedes elegir cómo quieres colocarte el pendiente. Éste puede atraversarlo totalmente o de manera parcial, perforando la piel que cubre la parte superior del mismo, de manera horizontal o vertical, a gusto de la consumidora.

En el caso en que perfores la piel del clítoris, el tiempo de cicatrizado suele ser corto, y los expertos aseguran que el piercing es fuente de placer durante las relaciones sexuales. Cuando la perforación del clítoris es total debes tener en cuenta de que la herida tardará bastante en cicatrizar antes de que puedas empezar a disfrutar de tu pendiente.

Decorar el cuerpo, y en concreto las partes pudientes, es una moda solo apta para los más osados. Hay especialistas ginecológicos que desaconsejan tales perforaciones, por ser muy sensibles al desarrollo de infecciones y bacterias en el caso en que se practique sexo antes de que las heridas hayan cicatrizado del todo… proceso que puede tardar bastante tiempo. En el otro extremo nos topamos de frente con el asunto del placer sexual. Un cuerpo con piercings puede ser muy sugestivo a la hora de excitarnos, pero hay quien afirma que los piercings no provocan placer por ellos mismos.

Según algunos ginecólogos, las terminaciones sensoriales del clítoris podrían verse afectadas por la perforación. Por otra parte, ten muy claro que si decides seguir adelante, es muy importante que acudas a un local homologado e higiénico, donde el material esté en perfectas condiciones. En la etapa de la cura y mucho tiempo después, debes mantener una higiene estricta con tal de evitar infecciones. Cuidado también con los enganchones o los tirones inesperados, que pueden causar mucho dolor.

Cada uno puede hacer con su cuerpo lo que le venga en gana, pero antes de lanzarte a la perforación sin contemplaciones es mejor que estés bien informada y muy segura de lo que haces. Solo tienes un clítoris, y hay que cuidarlo

Chicas de Mao en la bebedera

La postura del 69 ¿por qué gusta tanto?

La razón por la cual el llamado 69 es una de las preferidas y más excitantes posturas, radica en que no se parece a ninguna otra. Reconozcamos que se trata de una de las posturas más llamativas y deseadas porque combina excentricidad con funcionalidad. No en vano, y si se realiza sobre una superficie, resulta totalmente cómoda.

En el Kama Sutra existe una variante del 69 que se practica con el hombre erguido y cargando con  todo el peso de su pareja sosteniéndola por las piernas. Esta variante que se remonta siglos y siglos atrás  es más apta para contorsionistas o amantes circenses que para el resto de mortales. Aunque quien se considere en plena forma puede lanzarse a la aventura… por alguna razón se encuentra en el libro del sexo por excelencia.

Si algo tiene el 69 es que con esta postura se permite algo que con otras se nos antoja una quimera imposible: el sexo simultáneo, en el que los dos miembros de la pareja se dan placer mutuamente y al unísono. Por otro lado, dicha postura permite algo que otras no contemplan: el sexo oral. A decir verdad, pocas son las posturas que se destinan a algo más que el coito puro y duro, por lo que practicar el 69 puede ser una alternativa muy válida para los aficionados al sexo oral.

Cuando el 69 que se practica sobre la cama o una superficie plana, los amantes pueden situarse de lado, de modo que la cabeza de cada uno de ellos quede a la altura de los genitales del otro. Si los amantes en cuestión se colocan de lado, las operaciones amatorias son de lo más sencillas, tanto para parejas de distinto sexo como del mismo. En el caso de los dúos heterosexuales, normalmente el hombre se suele colocar tumbado con la mujer encima de él. De esta manera, a ella le es más fácil realizar la felación.

Mediante la postura del 69, las posibilidades sexuales se amplían considerablemente. De esta manera, las felaciones, los cunnilingus y los annilingus están a la orden del día. Algunos utilizan la postura del 69 para estimularse, como paso previo o preliminar al coito. No obstante, estamos ante una de las posturas más completas y placenteras, permitendo alcanzar el orgasmo de manera fácil mediante la estimulación oral.

Lo dicho, si eres aficionado a las prácticas orales de todo tipo, el 69 es una buena opción para que tú y tu pareja disfrutéis de la misma manera.

Cama Movil...Solo en Republica Dominicana

¿De qué depende nuestra identidad sexual?

Al hacer un aprueba de ADN para establecer el sexo genético de una persona, se califica a alguien como hombre cuando se tienen los cromosomas Y y X. 

En el caso de las mujeres, éstas deben tener dos X. Así es como, tradicionalmente, la ciencia ha distribuído los sexos con una polaridad extrema, siempre cerrada a consideraciones que se desmarcaran de este supuesto. O se nacía hombre, o se nacía mujer. Ahora sabemos que ello no siempre se cumple y que la identidad sexual de un individuo cualquiera puede no ajustarse a lo que pedimos y deseamos se establezca como norma.

Entre los años 1966 y 1999 todas las mujeres que deseaban participar en los Juegos Olímpicos debían someterse a una prueba médica que verificara que sus genitales eran los que correspondían a su género. Ahora, el caso de Caster Semenya nos demuestra que no existe una línea clara entre los dos géneros… ni siquiera a nivel genético.
Así, los científicos afirman que puede haber individuos XX (genéticamente, mujeres) que desarrollen características físicas típicamente masculinas o que sean XXY. Al mismo tiempo, un tipo XY puede tener lo que se llama “insensibilidad androgénica” o, lo que es lo mismo, la incapacidad de responder a su propia testosterona… por lo que puede no desarrollarse físicamente como hombre.

Las condiciones médicas de cada individuo modifican sustancialmente las hormonas masculinizantes, lo que hace difícil establecer un género categórico. De este modo, y pese a que pueda parecer que estamos determinados por la naturaleza, cada vez hay más casos que contradicen esta verdad universalista, apuntando hacia formas diferenetes de concebir lo masculino y lo femenino. Una mujer que en lugar de ser XX es XXY ¿es por ello un hombre?


El sexo puede no adecuarse a las convenciones genéricas supuestamente normativas

El género queda, por lo tanto, como una palabra hueca que unos y otros pueden apropiarse pero que actualmente está en continua fragmentación. Cada uno construye, por lo tanto, la manera de verse a sí mismo. Y es aquí cuando dejamos de lado la genética y nos concentramos en la identidad sexual. El sexo ha estado siempre asociado al concepto de identidad, pero esta correspondencia no tiene que cumplirse. En este sentido, surgen varias maneras de concebirse a uno mismo.

La identidad normativa es aquella que consiste en identificar nuestro género (social) con nuestro sexo (genético), formando todo una unidad identitaria global. Al contrario, en los individuos homosexuales el sexo (genético, pene o vagina) no tiene por qué ir de la mano de con las convenciones culturales normalmente atribuídas al género (deseo por el sexo opuesto), por lo que el objeto se desplaza sin más contradicciones.

También hay estados intersexuales donde individuos que tienen un sexo genético determinado pueden sentirse como miembros del género opuesto. En este punto se habla de individuos transexuales. El hermafroditismo es otra de las variantes, albergando un mismo cuerpo los dos sexos. En muchos otros casos hay una correlación normativa entre sexo y género sin que ello influya en una identidad sexual basada en  presupuestos culturales tradicionales.

De esta manera los roles se intercambian y se yuxtaponen, creando cada uno su propia identidad.
Como vemos, hablar de identidad sexual es sumergirse en un mar de posibilidades donde cada individuo debe definirse a si mismo, luchando en muchos casos contra determinismos sociales, barreras genéticas o deseos erróneamente asimiliados