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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Chica internacional

Solange Nuñez

Mi arbolito de navidad 2010

El tamaño de los testículos, clave en la promiscuidad en los grillos

Científicos británicos descubrieron una especie de grillo que tiene testículos equivalentes al 14% de su cuerpo.

Los investigadores de la Universidad de Derby, en el Reino Unido, afirman que es el animal con los mayores testículos en relación con su masa corporal.

En un estudio sobre su estrategia para copular, el equipo halló que este grillo sólo libera pequeñas cantidades de esperma en cada encuentro sexual.

Esto indicaría que el mayor volumen testicular está destinado a sostener un mayor número de encuentros sexuales, no para producir competitivas cantidades de esperma destinada a cada cópula.

No seas mal pensado que solo es un tomate

¿Por qué ellas fingen sus orgasmos?

En materia de amor y sexo muchas mujeres engañan y fingen desde el orgasmo, hasta momentos en que aparentan que la están pasando de maravilla.

Está comprobado. Así como los hombres mienten, nosotras también. En materia de amor y sexo muchas mujeres engañan y fingen desde el orgasmo, hasta algunos momentos como actuar que se lo está pasando de maravilla, cuando está más aburrida que una ostra, entre otras cosas. ¡Lo siento chicas por revelar la verdad!

Hay mujeres que se distinguen más que otras por su habilidad estupenda de tejer una mentira tras otra hasta convertir aquello en una bola interminable de nieve.

Están las que hacen de su vida una verdadera mentira y logran lo mejor: que todos caigan rendidos ante ésta. Otras por supuesto, nunca se atreverían a mentir al decir un te amo o el placer mientras se tiene un orgasmo. Yo soy de esas, digamos que prefiero decir que estoy cansada, estresada, no se me antoja o simplemente no quiero o no me gustó, que fingir algo en lo que creo y respeto demasiado: el sexo y el amor, cuando éste existe.

Otras mujeres usan la mentira sólo en casos de emergencia; unas más realizan una serie de acrobacias mentales para lograr su objetivo y envolver con sus palabras a su víctima masculina; y las menos son las que no saben hacerlo, se delatan a sí mismas y no saben guardar sus propios secretos. Se delatan solitas, vaya decir. Pero créanme que incluso éstas últimas con un poco de experiencia, tarde o temprano, o en casos extremos, se habrán convertido en unas verdaderas expertas... pues hay tantas maestras alrededor.

Cuando una mujer engaña manteniendo otra relación amorosa o sexual es muy probable que el hombre se dé cuenta mucho tiempo después. Claro, habrá excepciones. Nosotras sabemos guardar muy en lo profundo del corazón nuestros grandes secretos y nuestras grandes mentiras, y ahí es donde las mantenemos.

Es poco factible que salgan fuera a la primera de cambio. Y aclaro, no ocurre con todas, por supuesto. Sin embargo, conozco mujeres que pueden ser grandes mentirosas, pero al final de cuentas lo que termina por darles en el traste es su propio sentimiento y corazón.

Las mujeres nos fijamos hasta en el más nimio detalle y podríamos identificar, con la mano en la cintura y en cuestión de segundos, alguna mentira masculina tan sólo por el tono de la voz, gesticulación, risa nerviosa, mirada o el aumento de calor en el cuerpo. Pero estoy casi segura que en materia de amor o sexo pocos hombres se dan cuenta de cuando una mujer miente.

Ni qué decir del orgasmo fingido o exagerado. Yo he estado en cuartos de hotel hospedada cuando, de pronto, en el cuarto de al lado he escuchado gritos y un verdadero estruendo de ¡oh! ¡ah! ¡uy! que Salma Hayek actuaría mejor. Eso definitivamente es fingido, me digo. El asunto es que él, con toda seguridad no se dio cuenta.

La verdad es que no coincido con las mujeres que lo hacen. No me parece que deben quedar bien con nadie teniendo o exagerando un orgasmo que en realidad no tienen. A quienes engañan ellas es a sí mismas.

Él quedará satisfecho y su ego no cabrá por la puerta, por supuesto, pero ¿y ella? ¿Por qué fingir? Es como fingir que te gusta el helado de vainilla y lo saboreas con enorme placer falso, cuando tu favorito es el de chocolate. Yo creo que al final las mentiras se vuelven contra el creador de las mismas. Es imposible mantener algo basado en una realidad que no existe.

Con mis pláticas entre amigas me he dado cuenta de que las mujeres tenemos también una especie de vestidura camaleónica que hace que de la gran mentira o del gran engaño pasemos a la linda e inocente oveja. Este tipo de mujeres suelen ser muy peligrosas, incluso en el ambiente laboral, entre las mismas mujeres.

Si los hombres se esforzaran por conocer a su chica, podrían saber cuándo ella dice la verdad o por qué miente y engaña. Por algo dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Con una buena comunicación y una relación sana las mentiras no son necesarias y me parece que sólo lastimarían una relación que podría ser linda o sexualmente intensa. Cuando llegan las mentiras, el amor y el buen sexo ya salieron por la ventana.

Hace poco leí en una encuesta de la revista That´s Life que el 98 por ciento de las mujeres admitió que miente con enorme naturalidad, que un tercio de ellas lo hace todos los días, mientras que el 78 por ciento dice mentiras que catalogan como "grandes". Eso me dejó asombrada. Nunca había visto cifras tan contundentes. Además de que el 29 por ciento de las mujeres admitió haber tenido aventuras extramatrimoniales y de éstas, el 62 por ciento no se arrepiente ni se arrepentirá nunca.

Esa precisión lapidaria me encantó. Claro, los hombres son unos expertos también, ya contaremos en otra oportunidad sus historias, pero desde el tema femenino me quedé pensando:

¿Qué mueve a las mujeres a mentir en el sexo o en el amor? ¿Su inseguridad? ¿Su falta de compromiso? ¿Su insatisfacción? ¿Su falta de asertividad? ¿Sus simples ganas de mentir? ¿Qué piensan ustedes? Para los hombres, sería bueno nos contaran sus experiencias de engaños y mentiras en el sexo. ¿Cómo se dan cuenta o no se dan cuenta?

Chica internacional

Solange

Diez ejercicios para aumentar el placer sexual

La página especializada educasexo.com recomienda realizar tres series de 15 a 20 repeticiones para cada uno de los ejercicios vaginales para un mejor resultado:

1. Siéntate en una silla con los brazos abiertos y apoyados en las piernas. Mantén los pies en paralelo y separados por unos 20 centímetros uno del otro.

Contrae los músculos de la vagina como si apretaras algo por dentro. Mantén durante un conteo de tres y luego relaja. Cada día deberás aumentar el tiempo de contracción hasta que logres llegar a más de diez. Esto puedes hacerlo en tu oficina, si estás muchas horas sentada. Nadie se dará cuenta.

2. En esa misma posición, contrae y relaja los músculos de la vagina rápidamente. Si puedes hacerlo, acompáñalo con una respiración que siga los movimientos.

3. Sobre la cama y acostada de espaldas, abre las piernas. Inserta un dedo en la vagina e intenta apretarlo sólo con los músculos vaginales lo más que pueda (sin hacer uso de las piernas).

Si no sientes demasiada presión inserta dos dedos. Conforme avances con los ejercicios verás que con el tiempo un sólo dedo será suficiente.

4. Acuéstate en una colchoneta de yoga y deja los brazos a lo largo del cuerpo, mientras flexionas las piernas y te ayuda con los brazos a levantarte. Contrae los glúteos y poco a poco eleva la cadera. Quédate el mayor tiempo que puedas en el aire y vuelve despacio a la posición inicial. Repite.

5. En la posición inicial anterior, contrae el ano en tres tiempos, sin relajar. Primero, una contracción ligera, seguida de una más fuerte y después una contracción anal de gran intensidad. Inmediatamente después contrae la vagina como si estuvieras succionando algo. Cuenta hasta tres y relaja los músculos, primero los de la vagina y después los del ano.

6. Cuando estés sentada, contrae también el ano en dos o tres tiempos. Al hacer este esfuerzo estarás movilizando también los músculos vaginales. Esto lo puedes hacer mientras vas en el autobús, estás en la oficina o en el auto. Si lo practicas diariamente obtendrás beneficios maravillosos.

7. De pie y con las piernas un poco flexionadas, coloca las manos en la cintura y deja los pies en paralelo separados por 20 ó 30 centímetros. Contrae las partes internas de la vagina y mueve tu pelvis hacia adelante y arriba. Cuenta hasta tres y relájate.

8. En la misma posición de pie, realiza un movimiento continuo y circular, como si jugaras al "ula ula" en cuatro fases: primero, mueve la pelvis hacia arriba y adelante, después, la cadera hacia la izquierda. Como tercer paso, empuja el trasero para atrás y cuatro; finalmente, menea la cadera hacia la derecha.

9. Con los brazos relajados a los largo del cuerpo y de pie, mantén los pies paralelos y distantes por 20 centímetros. Contrae el trasero e intenta unirlo y separarlo con el movimiento de los músculos. Puede ser difícil al principio, pero con el tiempo serás una experta. Cuenta hasta tres y luego, relájate.

10. En la misma posición anterior contrae y relaja los músculos de la vagina de manera intensa y acelerada, siguiendo el compás de una respiración acelerada. ¿Has practicado los ejercicios vaginales? ¿Han redituado en más y mejor placer? ¿Cuándo y cómo los practicas?

Por eso es que pasan las vainas

Lo dice la BIBLIA, no lo digo yo

Todos sabemos que Caín mató a su hermano Abel, pero pocos saben que las hijas de Lot emborracharon a su anciano padre para acostarse con él y que las dejara embarazadas. 


O que Dios mató a Onán por "derramar su semilla en la tierra" en vez de tener hijos con la viuda de su hermano.

O que Judá se acostó con su nuera tomándola por una prostituta.

O que era costumbre aceptada tener dos mujeres o tomar a una esclava para asegurarse la descendencia.

La Otra Expresión de la Web

Diez falacias de la sexualidad masculina

1. El rendimiento es lo único que vale en el sexo. Se cree que la calidad en el sexo se determina por el número de orgasmos que ha conseguido la mujer o por el tiempo efectivo en la penetración. Según los especialistas, esto, lo único que logra es anular la riqueza del erotismo y la sexualidad que consiste en disfrutar del momento.

2. Lo más importante en una relación es el sexo. No es verdad. Si bien la sexualidad es un aspecto muy importante de la relación tampoco es lo único, ni lo es todo. Está más que claro que cuando la relación amorosa y romántica no funciona bien, el sexo tampoco irá nada bien.

3. El pene es la mejor medida para la virilidad. Cuanto mayor sea el tamaño del pene mayor placer se obtiene y se proporciona. El orgasmo es de quien lo trabaja y por eso el tamaño del pene no es ningún signo de virilidad, debido a que el tamaño de éste no afecta en nada el deseo o el desarrollo de la sexualidad.

4. Un buen amante debería haberlo muchas veces seguidas. El mejor amante no es el que más eyacula sino el que da más placer. Vale más un sexo de calidad aunque sea de poco tiempo. Esto siempre tendrá que ver con las preferencias de la pareja, sin embargo, estadísticamente, los especialistas, dicen que esto no tiene nada qué ver.

5. Sin erección no hay deseo. Hay hombres que pueden sentir deseo pero no tener erección debido a problemas físicos. Además, si un hombre siente deseo en la calle o en algún otro sitio, no tendrá de manera inmediata una erección. Es mejor una buena práctica sexual que una gran erección, ya que una gran erección sin buena práctica sexual, simplemente no funciona.

6. Un hombre siempre sabe sobre sexualidad. Este es uno de los mitos terribles ya que existe mucha desinformación y dudas tanto en mujeres como en hombres. Sin embargo, por el machismo que prevalece ellos no despejan sus dudas en torno al sexo, prefieren callar o mentir.

7. Él siempre debe llevar la rienda del coito. Nada más falso. Se ha comprobado que a los hombres les gustan las mujeres que toman la iniciativa, que son más arriesgadas en materia sexual, que intentan nuevas cosas y que no dejan en manos de sus hombres todo el peso de la relación sexual.

8. Si la mujer no puede llegar al orgasmo, el hombre no es un buen amante. Si la mujer no llega al orgasmo es un problema de ella y no de él. Como sucede con el mismo caso para ellos. Ella puede no tenerlo debido a que está estresada, tiene un mal día, no tiene ganas o simplemente no es momento de tenerlo, pero no tiene mucho qué ver con el placer sexual que le proporciona su pareja. A veces él podrá tener un gran desempeño pero si ella no está del todo dispuesta, el orgasmo no llegará.

9. Ellos siempre tienen ganas. No es cierto que el hombre siempre esté dispuesto para hacer el amor en cualquier lugar, momento y persona. De hecho, necesita de condiciones previas para realizarlo y en ocasiones, pasa temporadas en los que no siente demasiado deseo y está poco disponible, sexualmente hablando. Ellos también necesitan su espacio y tiempo para convertirse en buenos amantes.

10. Con el tiempo el placer desaparece. Las personas de 40, 50 y hasta sesenta años de edad experimentan su sexualidad de manera muy placentera, incluso cuando llevan muchos años con la misma pareja. Cuando existe buena comunicación, entendimiento y amor el placer también madura ya que al conocer a la perfección el cuerpo del otro, sus deseos, historia y fantasía ayuda a tener relaciones sexuales plenas.