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lunes, 29 de noviembre de 2010

En gozadera total

Aprende a practicar sexo oral

- No ser demasiado bruscos. Hemos de conocer cómo gusta más, si una estimulación fuerte o una más suave.

- Tanto en los hombres como en las mujeres, es preciso practicar el sexo oral cuando la excitación es alta.

- Si da vergüenza o apuro el tema de los olores, mejor plantear una ducha conjunta, aunque la higiene diaria es suficiente.

- Cuidado con los dientes. Una presión excesiva puede inhibir el placer.

- Pactar, siempre, hasta dónde se va a llegar.

- Utilizar las manos, al mismo tiempo que se practica el sexo oral, puede ayudar a nuestra excitación y a variar la estimulación.

- No hacer cambios demasiado bruscos en el ritmo de la estimulación, sobre todo si el orgasmo está cerca.

La gente de mi barrio

Emergencia sexual

A cualquiera le puede pasar que una noche llena de preludios románticos termine intempestivamente cuando la eyaculación precoz o la impotencia aparecen para convertir la noche en una pesadilla.

Antes que nada, y según los especialistas, lo primero que una pareja debe tener en cuenta es que esto puede suceder algunas veces, no muchas, sin que signifique que se avecine una tragedia.

Sin embargo, hay que estar muy atentas para no incurrir en errores que pueden obstaculizar la recuperación y deteriorar la relación.

Cualquiera que sea el caso, es importante tener claro que el papel que jugamos las mujeres es trascendental para que la cosa mejore o por el contrario, puede convertirse en la causante de más problemas.

Por inexperiencia o por inclemencia, muchas mujeres adoptan posiciones que en vez de ayudar acaban con la pasión. Las siguientes, con sus respectivas máximas, se deben evitar a toda costa:

La juzgadora: aquella que se siente definitivamente fuera del problema y que, además, le atribuye a él toda la culpa con: ‘ Eres un egoísta y no quieres demorarte más tiempo’.

La amenazadora: aquella que exige su cuota íntima a cambio de la relación con frases como: ‘Mira cómo resuelves ese problemita porque seguir así me separo.’

La indiferente: prefiere no inmiscuirse en el problema, todo lo contrario, le deja el campo libre: ‘no te preocupes arregla tu problema y cuando estés bien vuelves’.

La comunicativa y mártir: la que le cuenta todo a su familia o a sus mejores amigas, claro, en términos, de la más extrema confidencialidad: ‘Pedro ya no es el amante de antes... yo creo que los años le están pegando duro, últimamente no me satisface’.

La resentida: pasa la cuenta de cobro por todas las veces que fue abandonada afectivamente. Aunque actúan de manera inconsciente, piensa cosas como: ‘él no me apoyó cuando tuvimos nuestro hijo’ o ‘él no estuvo pendiente de mí cuando se murió mi papá’ entonces, ‘¿ por qué lo debo apoyar ahora?’.

La cómoda: lejos de ver la disfunción como un problema lo asume como un seguro para tener a su pareja junto a ella: ‘no puede tener una aventura o irse con otra si no es capaz de mantener una erección ni de darle una relación satisfactoria, porque llega antes de tiempo’.

La cansada: después de mucho esperar a que su pareja se decidiera a pedir ayuda se acostumbró y hasta perdió las esperanzas: ‘ yo le dije hace mucho tiempo que buscáramos ayuda y no me hizo caso, ahora para qué’.