Solemos ir de un extremo al otro cuando buscamos alternativas que nos ayuden a modificar aquello que no funciona tan bien como nos gustaría.
Las estadísticas dan cuenta de que los argentinos, así como gran parte de la población mundial, no estamos del todo conformes con la cantidad y calidad de nuestra vida sexual.
Las exigencias del ritmo occidental - el correr atrás de todo (y de nada), el girar en la rueda ansiosa y sin destino del hámster, la condena al estrés y al cansancio que resulta de tanto "frenetismo productivo", etc. - nos alejan cada día de la posibilidad de gozar más y mejor (para los chinos, y para todos, eso es atentar contra nuestra salud física y emocional).
Cuando un día descubrimos que "esto no puede seguir así" - un primer gran paso, siempre y cuando no nos carguemos otra vez de presión para conquistar el cambio de manera inmediata y efectiva- solemos tomar actitudes acordes a nuestro estilo desmesurado y exigido. Muchos, sino la mayoría de los que deciden aprender las consagradas y hoy marketineras técnicas de Oriente, salen corriendo a comprarse un kimono, se ahogan en sahumerios o se arrojan a los pies del simpático Buda como si este fuese el "gurú o el santo" que, a la luz de la vela y el OMM, siempre está para salvarnos.
La decisión y la búsqueda son internas, personales, acordes, siempre, a las verdaderas necesidades, deseos y posibilidades. Todo cambio que emprendamos en forma compulsiva y exigida no hará más que seguir "enrollándonos" en nuestro karma de logros y perfección, responsable de tanta "impotencia", "anorgasmia" y, fundamentalmente, agente contaminante del placer, más allá la erección y de la eyaculación como resultado.
El Tantra, procedente de dos antiguas palabras del sánscrito, cuyo significado es expansión y liberación, promete una serie de técnicas básicas para disminuir las tensiones, alcanzar un clima de relajación que ayuda a intensificar el placer. Qué imposible parece pensar en la idea de gozar "retrasando" los tiempos. A grandes rasgos, la práctica tántrica invita al encuentro de los cuerpos sin presiones, apuros ni exigencias.
Quienes quieran entrenarse en esta forma de enseñanza hindú, sabrán buscar a sus maestros en forma responsable. Lo que hoy sugerimos es buscar y reconocer ciertas prácticas o ejercicios simples que pueden transformar las emociones en estados positivos y, así, recuperar la energía y afianzar nuestra autoimagen y autoestima.
Desenchufarse y darle unos minutos a la posibilidad de, por ejemplo, aprender a respirar o despojarnos de las ropas, así como de responsabilidades, viejos mandatos y culpas extremas, puede ser el comienzo, no sólo de vivir una sexualidad mucho más plena sino de mejorar otras áreas del mundo físico y emocional. Cuando algo se modifica en nuestra mente y en nuestro cuerpo, la nueva música resuena y la onda expansiva va ganando terreno. El cuerpo escucha rápido lo que le hace bien.
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