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martes, 22 de febrero de 2011

La sensación de la Bahia de Pueblo Nuevo

Leonardo Fernandez (Leito)

4to Calentamiento del Carnaval de santiago 2011

Asi comen los dominicanos

El priapismo es una erección que no desaparece ¡Ayy, me duele el pene!

No es común, pero hay quienes han sufrido un fuerte dolor de pene.

Según doctores, esta molestia en el miembro masculino puede tener varias causas como son: cálculo vesical, picaduras de insectos, cáncer de pene, erección que no desaparece (priapismo), herpes genital, infección debajo del prepucio en los hombres incircuncisos (balanitis), por mencionar algunas, por ello siempre que aparezca este dolor se debe investigar la causa.

Si el dolor en el pene es ocasionado por una enfermedad de transmisión sexual, es importante que la pareja sexual también se someta a un tratamiento.

La forma de tratar el dolor en el pene en el hogar depende de su causa. Consulte con el médico acerca del tratamiento. La aplicación de compresas de hielo puede ayudar a aliviar el dolor.

Una erección que no desaparece (priapismo) es una urgencia médica. Acuda a la sala de urgencias del hospital inmediatamente. Pregúntele al médico acerca del tratamiento para la afección que está causando el priapismo.

¿CUANDO IR AL MEDICO?
Si tienes uno de estos síntomas, lo ideal es que acudas de inmediato al hospital.

Una erección que no desaparece (priapismo), para la cual se debe buscar atención médica inmediata.
Dolor que dura más de 4 horas
Dolor con otros síntomas inexplicables.

Bella chica de Pueblo Nuevo

Rosa Reyes

Forma en que nuestro pueblo disfruta del carnaval

A mi es que la gorda me gusta

Los puntos “débiles” de los hombres

Acariciar los tobillos, la espalda y la cabeza puede resultar una suerte de preámbulo si una mujer está relajada. 

Pensar en cómo preparar el cuerpo femenino para un encuentro sexual placentero ha sido tema de debate y de una extensa lista de libros que consiguieron ser números uno en los ranking de best seller. Pero, ¿qué pasa con “la previa” de ellos? ¿Basta dar por sentado que estarán excitados en un abrir y cerrar de ojos y que la eyaculación por sí misma es el máximo orgasmo que alcanzarán?

“Vivimos en una sociedad individualista ‘egocéntrica’ y falogocéntrica donde la mayor orientación al placer está orientada y focalizada en el pene o falo masculino ‘penetrador y dominante’. Por lo tanto, el hombre, en general, tiene poco desarrolladas las otras zonas erógenas”, cuenta el sexólogo Maricio Salas.

¿Cuáles son esas zonas mágicas del cuerpo masculino? Se trata de sectores catalogados como “secundarios” en cuanto a la excitación, ya que no es necesaria su estimulación para que el sujeto alcance el orgasmo. Sin embargo, sí excitan las zonas “primarias” (el glande y el pene), logrando la erección y mejorando la experiencia sexual.

Tal como lo informa el sexólogo, estos pueden ser los testículos y muslos, cuello, ojos e incluso los pezones, que suelen ser partes del cuerpo más relacionadas a la mujer, cuando de hablar de preámbulo se trata. A esta lista se le agrega la zona alrededor de sus labios, la manzana de Adán e, incluso, algunos hablan de los tobillos.

Salas explica que no se trata de llegar y acariciar estas partes. Todo depende de las preferencias de cada hombre y de lo entregado que esté en el momento. Tal como sucede con la mujer.

Directo al punto G
En cuanto al orgasmo, existe una zona que muchos heterosexuales evitan por estar íntimamente ligada a las relaciones gay. Si bien la mujer posee su famoso punto G en la pared anterior de la vagina, en el caso del hombre, es su próstata, ubicada al frente al recto y bajo la vejiga, tal como la sexóloga estadounidense Beverly Whipple lo comentó ya en 1980. Además de la manera obvia de localizar este sector, Whipple ha señalado que también se le podría estimular, presionando la zona entre el ano y el escroto.

Como Salas explica, en la zona del ano existen muchas terminaciones nerviosas que hacen que el sexo anal se disfrute más, tanto por hombres como por mujeres. Sólo que en el caso de ellos, los prejuicios que amenazan psicológicamente su masculinidad, por ser, en teoría, “penetrados”, hace que muchos eviten esa práctica.