¿En qué consiste la comunicación sexual?
Aumentar la comunicación en el sexo implica trabajar diferentes habilidades más específicas como:
Poner límites: Decir que no a ciertas prácticas sexuales con las que aún no nos sentimos cómodos y llegar sólo hasta donde queramos llegar.
Pedir lo que queremos: Pedir al otro lo que nos gusta y cómo nos gusta.
La iniciativa: Dar el primer paso para iniciar el contacto o para proponer y llevar a cabo diferentes prácticas sexuales.
Expresar y recibir afecto: Sentirnos cómodos con el contacto íntimo (carícias, besos, etc.), con la parte más tierna de la sexualidad. Ser capaces de dar y recibir cariño.
Expresar sentimientos negativos o comunicar problemas: A menudo nos resulta ‘embarazoso’ y más en el terreno sexual, expresar al otro nuestro desagrado hacia ciertas prácticas, conductas o actitudes. Sin embargo, esto es necesario si queremos trabajarlo y mejorar nuestra satisfacción sexual.
Recibir ‘críticas’ o sentimientos negativos del otro: Otra de las cosas que no nos sienta demasiado bien, es recibir estas críticas negativas del otro. Especialmente en el terreno sexual, en el que nos cuestionamos de manera global nuestra ‘feminidad’ o ‘masculinidad’ y nuestra capacidad y desempeño sexual. Sin embargo, no debemos olvidar que cuando alguien nos hace una crítica, no es a nuestra persona sino a ciertos aspectos de nuestra conducta.
Tomarse las críticas como ataques generales a nuestra valía o ‘capacidad’ en el terreno sexual va a resultar poco útil. A menudo nosotros oímos lo de “no eres bueno/a en la cama”, cuando posiblemente lo que la otra persona está diciendo es: “me gustaría que probásemos esto de otro modo” o “¿podríamos hacer esto diferente?”.
La negociación sexual: Es normal que podamos discrepar con nuestra pareja, respecto a la frecuencia de las relaciones sexuales, las prácticas, el momento, etc. Negociar con el otro implica acordar hasta dónde queremos llegar, así como cuál es el tipo de sexualidad que deseamos. Implica encontrar soluciones creativas y flexibles, con las que los dos miembros de la pareja se sientan cómodos y satisfechos.
Tolerar el malestar y aceptar el ‘fracaso’: Aceptar que una relación sexual no tienen porqué ser siempre tremendamente satisfactoria y explosiva. Abrirnos a mostrar nuestra vulnerabilidad y compartir con el otro nuestras inseguridades. Tomarnos con humor los ‘pequeños fracasos’, la torpeza, las distracciones, la falta de inspiración. Y tener un diálogo permisivo y cercano con nuestra pareja sexual.
Comprender los sentimientos y necesidades del otro: Escuchar al otro, ponernos en su lugar y prestar atención a sus necesidades, sin anteponer las nuestras. Tener empatía en el terreno sexual nos motivará a negociar y a buscar soluciones comunes.
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