
Sobre sus rieles se arrastra una flota de 19 unidades, cada una con tres vagones, 57 en total, de última generación, impresos con las tres franjas tricolores que enmarcan el alma nacional, la Bandera, el símbolo más imperecedero.
Sus usuarios se acomodan en números de cientos por unidad, gozando de los bienestares de este sistema, diseñado para transportar más de 355 mil pasajeros diarios.
Ahora, la estación del Centro de los Héroes, final de un recorrido de 14.5 kilómetros entre 16 estaciones, desde Villa Mella, está repleta. Es una de las más activas del nuevo sistema de transporte ferroviario dominicano. Mucha gente baja sobre escaleras rotatorias que los transborda hasta la plataforma de abordaje.
Allí, el aparato se detiene. Sus próximos usuarios, alineados detrás de la raya amarrilla del escenario de espera, habían estado impacientes por llegar a sus destinos, oficinas, plazas, negocios.
Eficientes jóvenes de la seguridad del Metro, siempre atentos y formales, observan y ayudan a los pasajeros.
Hay mucha gente y el aire, abajo, no es suficiente. Los usuarios se notan apresurados, ansiosos. Es temprano en la mañana, pero mientras esta camina igual se torna de insoportable el calor.
La llegada del Metro baja la tensión de la gente que no quiere llegar retrasada a sus centros de trabajo, pero mientras choca codos y salta para entrar de primero a los vagones, donde literalmente, al final, no cabe un alfiler, ignora a un viejo ratero que mete sus manos en bolsos de mujeres o sustrae carteras de los bolsillos de hombres: Los carteristas.
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