
Algunos países de Oriente Medio reconocen una controvertida ley islámica que permite tener relaciones sexuales con corderos, pero por otra parte prohiben comer la carne del animal copulado. Exactamente la ley reza así: «Después de tener sexo con un cordero, es pecado mortal comer su carne».
Aún vamos más allá, porque en Líbano a los hombres se les permite practicar la zoofilia, con la única condición de que los animales con los que se mantiene sexo sean hembras. Cuidado porque en caso contrario el castigo es la pena de muerte.
Las leyes islámicas tampoco permiten que los musulmanes miren los genitales de un cadáver. Ni siquiera los enterradores. Para ello, los difuntos deben llevar siempre un ladrillo o una madera cubriendo sus partes íntimas.
En Barhein, los legisladores han dictado (ingenuamente) que, para evitar su excitación, los ginécologos sólo pueden examinar las vaginas de sus pacientes a través del reflejo de un espejo.
En Hong Kong no hay piedad para el adulterio pero hay una drástica diferencia; a una mujer engañada se le permite matar a su marido siempre y cuando lo haga con sus propias manos. Si el engañado es el marido, entonces puede matar a su mujer de cualquier forma.
En Indonesia la masturbación está castigada con decapitación.
En el departamento boliviano de Santa Cruz no es lícito mantener relaciones con una mujer y su hija al mismo tiempo.
En Cali (Colombia), una mujer sólo puede tener sexo con su marido, y la primera vez, su madre tiene que estar presente.
En un país como los Estados Unidos es ilegal usar especies en peligro de extinción, salvo insectos, para espectáculos sexuales o exhibiciones inter-especies.
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